Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 32 Confesión y Perdón
Versículos 6-7: Confesor fiable
Nuestra Mirada de hoy está dedicada a una parte del salmo treinta y dos al que hemos llegado en nuestro recorrido por el libro de los salmos.
Comenzaremos el programa leyendo entero el salmo, pues no hay nada que supere a la palabra de Dios.
El salmo treinta y dos dice así: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él. Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti. Muchos dolores habrá para el impío; Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia. Alegraos en Jehová y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón”.
Después de relatar una intensa experiencia de confesión y perdón, David, autor del salmo, ora expresando el resultado pues los versículos seis y siete del salmo treinta y dos dicen así:
“Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él. Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; Con cánticos de liberación me rodearás”.
Se ha producido un cambio decisivo. La relación con Dios es nueva, pasó la angustia de saberse pecador no perdonado por no querer reconocerlo delante de Dios y pedir perdón. Ahora hay confianza y seguridad.
Vamos a repasar lo que dice ahora el salmista.
La confianza se expresa en cuatro frases muy sencillas claras, en la primera dice:
“Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado”.
La primera cosa importante es la relación directa y confiada con Dios mismo. Una de las más dañinas enseñanzas, ajenas por completo a la palabra de Dios, ha sido, y sigue siendo, la de los supuestos intermediarios para llegar a Dios. Se le ha robado a Dios el trato directo con Él.
Solamente hay un intermediario válido y es Dios el Hijo, porque es la vez perfecto Dios y perfecto hombre, y, por esa razón, el perfecto puente entre la humanidad y Dios Padre. Pero el salmista aun añade más resultados de su nueva relación con Dios al saberse perdonado, pues dice:
“Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él. Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia”.
Ahora no hay temor sino defensa. Y, por último, dice: “Con cánticos de liberación me rodearás”.
La paz y seguridad recibidas se expresan en canciones.
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