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Salmo 32 – Pecador perdonado (191)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 32 Confesión y Perdón

Versículos 1-2: Pecador perdonado

Continuamos nuestro recorrido por el libro de los salmos y ya hemos llegado al salmo treinta y dos, escrito por David, y que relata una experiencia de confesión y perdón. Vamos a leer el salmo entero, aprovechando su brevedad, y después comentaremos los dos primeros versículos del mismo.

El salmo treinta y dos dice así:

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él. Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti. Muchos dolores habrá para el impío; Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia. Alegraos en Jehová y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón”.

Después de repasar esta intensa experiencia del salmista vamos a poner nuestra Mirada sobre los dos primeros versículos que dicen así:

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño”.

Es evidente que estas palabras son el resumen de la experiencia del salmista, y, de igual manera, son la experiencia de cada pecador perdonado por Dios, sin merecerlo. Vamos a examinar con detalle estas palabras. Comienza el salmista diciendo:

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado”.

Dicho en otras palabras. “Dichoso aquel que, siendo culpable, ha sido perdonado, y su pecado nunca más será sacado a luz”.

Esto nos recuerda que la sangre de Cristo cubre el pecado de los que creen en Él pagando así sus culpas y haciéndolas desaparecer. Eso explica la frase siguiente donde se nos dice:

“Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad”.

Fijémonos bien, no dice el hombre que no ha hecho iniquidad, sino el hombre a quien Jehová no culpa.

Esto es el resultado de la obra salvadora de Cristo quien dio su vida para pagar por los pecados cubriéndolos así de la mirada acusadora de Dios, por eso dice quien no es culpado de pecado. Entonces, ¿Cuál es el secreto?

El testimonio de la Palabra de Dios, la Biblia, es que TODOS hemos pecado y TODOS somos culpables delante de Dios y que ninguna acción nuestra puede modificar esto.

El apóstol Pablo resuelve el enigma diciendo: “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”. Cree y serás salvo.

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