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Salmo 35 – Defiéndeme tú (206)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 35 Salmo de David

Versículos: 1-7: Defiéndeme tú

Bienvenidos a Miradas. Nuestra visita diaria al libro de los salmos nos ha ido llevando hasta el salmo treinta y cinco que hoy comenzamos a comentar.

Este salmo fue escrito por el salmista más famoso, es decir, por David, el más célebre rey de Israel.

Este salmo es una extensa y detallada petición hecha en una situación muy difícil a causa de los muchos y poderosos enemigos.

David suplica a Dios que le defienda y se encargue de castigar a sus enemigos porque son malvados e injustos.

Un aspecto básico del salmo es que David no quiere tomar la justicia por su mano, es decir no se propone ser él quien castigue a sus enemigos, sino que pone en las manos de Dios hacer justicia.

Veremos cada día un trozo del salmo para ir tomando contacto poco a poco con su contenido.

Hoy leeremos y comentaremos los primeros siete versículos del salmo treinta y cinco, en los cuales el salmista pide a Dios que sea su defensor.

Estos versículos dicen así: “1 Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden; Pelea contra los que me combaten. Echa mano al escudo y al pavés, Y levántate en mi ayuda. Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; Di a mi alma: Yo soy tu salvación. Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida; Sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal intentan. Sean como el tamo delante del viento, Y el ángel de Jehová los acose. Sea su camino tenebroso y resbaladizo, Y el ángel de Jehová los persiga. Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; Sin causa cavaron hoyo para mi alma”.

Vamos a leer de nuevo los versículos uno y dos con los que comienza la petición de ayuda del salmista, y que dicen así:

“Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden; Pelea contra los que me combaten. Echa mano al escudo y al pavés, Y levántate en mi ayuda”. Tres cosas pide inicialmente el salmista. La defensa verbal “disputa con los que contra mí contienden”, la defensa activa “Pelea contra los que me combaten” y la defensa total “levántate en mi ayuda” Seguidamente, David dice: “Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; Di a mi alma: Yo soy tu salvación”.

Es decir: ¡A por ellos! Y yo me sentiré liberado por ti. Pero, David aun continua con su petición cuando dice:

“Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida; Sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal intentan”.

Aquí su petición incluye las consecuencias morales y sociales para sus enemigos, ya que menciona confusión y vergüenza pública.

Aún añade el salmista a su ruego lo siguiente:

“Sean como el tamo delante del viento, Y el ángel de Jehová los acose. Sea su camino tenebroso y resbaladizo, Y el ángel de Jehová los persiga”.

Sigue encomendando la derrota total y el acoso de sus enemigos a Dios.

Y, por último, en el versículo siete defiende su inocencia y expone la razón de su ruego al decir:

“Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; Sin causa cavaron hoyo para mi alma”.

Es decir, no solo es un ataque injusto sino, además, traicionero.

Nos deja David aquí una pauta a seguir ante las injusticias: Encomendar a Dios nuestra causa, dejarle a Él nuestra defensa.

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