Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 37 Salmo de David
Versículos 39-40: Confianza total
Bienvenidos a Miradas. Nuestro continuado recorrido diario por el libro de los salmos nos ha llevado al final del salmo treinta y siete, que, por su extensión, nos ha tenido ocupados bastantes días.
David, el pastor salmista y rey, fue el autor de este salmo, como de muchos otros, y en él nos descubre su experiencia de relación con Dios por medio de una serie de sentencias sabias que dejan muy claro que en este mundo inseguro y engañoso lo único fiable, absolutamente fiable y que asegura un final feliz, es le plena dependencia de Dios en todo momento y ocasión, porque Dios siempre responde con su cuidado a los que confían en Él.
Vamos a leer los versículos treinta y nueve y cuarenta para después detenernos en cada frase y comentarla. Los versículos treinta y nueve y cuarenta del salmo treinta y siete, que confirman plenamente el tema de este salmo, dicen así:
“39 Pero la salvación de los justos es de Jehová, Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia. 40 Jehová los ayudará y los librará; Los libertará de los impíos, y los salvará, Por cuanto en él esperaron”.
Estos dos versículos finales del salmo treinta y siete, que acabamos de leer, son un magnífico resumen del salmo, pues resaltan el cuidado que Dios tiene de los suyos en todo tiempo y circunstancia. Vamos a mirarlos con atención para comprobarlo en detalle.
El versículo treinta y nueve comienza diciendo: “Pero la salvación de los justos es de Jehová”.
Esto es importante no olvidarlo nunca. La salvación no puede conseguirse con esfuerzos o sacrificios humanos de ningún tipo o cuantía.
La salvación, la verdadera salvación, la salvación eterna, es de Dios únicamente, solo Él puede darla, y, por asombroso que parezca, la da gratis a cualquiera que cree en Jesucristo como su Salvador personal, porque Él ya pagó todo lo que costaba salvarnos; eso enseñan los evangelios.
Seguidamente, el salmo nos descubre algo que todos conocemos, tarde o temprano, la angustia, el dolor, la pena, la enfermedad, en fin, los malos momentos.
La segunda parte del versículo treinta y nueve de este salmo treinta y siete nos dice algo sorprendente.
No dice que Dios nos evita la angustia, sino que Él será nuestra fortaleza para soportarla, lo dice con estas palabras:
“Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia”.
Saber esto es importantísimo, pues nos recuerda que Dios no evita a los suyos los sinsabores de este mundo fracasado, al que a veces llamamos “este valle de lágrimas”, sino que Dios da las fuerzas para soportarlo en paz, y en el comienzo del versículo cuarenta aun añade algo más, muy consolador, pues dice:
“Jehová los ayudará y los librará”. O sea, la angustia se terminará en triunfo y libertad plena, la libertad que solamente Dios puede dar, la verdadera libertad.
Esa libertad será también libertad de los enemigos, de los impíos que buscan su perdición, pues añade:
“Los libertará de los impíos, y los salvará”. Y este versículo final del salmo treinta y siete nos dice la causa de esta completa salvación, la completa y sencilla confianza en la palabra de Dios, en suma, la fe “Por cuanto en él esperaron”.
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