Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 38 Versículos 16-22: Confesión y petición
Bienvenidos a Miradas. Nos habíamos propuesto recorrer el libro de los salmos sin dejarnos ninguno atrás y ya hemos llegado al salmo treinta y ocho, uno de escritos por David, el salmista más famoso.
Este libro de los salmos, además de su extensión, ya que es el más extenso de toda la Biblia, es un auténtico manual de conocimiento de Dios, porque cada salmo cuenta experiencias personales de la vida de fe en relación con Dios.
En Miradas, si el salmo es muy breve lo comentamos en un solo programa, pero si es extenso le dedicamos varios.
Eso ocurre con el salmo que estamos comentando. Hoy veremos los últimos versículos del mismo, desde el dieciséis al veintidós.
Estos últimos versículos del salmo treinta y ocho dicen así:
“Dije: No se alegren de mí; Cuando mi pie resbale, no se engrandezcan sobre mí Pero yo estoy a punto de caer, Y mi dolor está delante de mí continuamente. Por tanto, confesaré mi maldad, Y me contristaré por mi pecado. Porque mis enemigos están vivos y fuertes, Y se han aumentado los que me aborrecen sin causa. Los que pagan mal por bien Me son contrarios, por seguir yo lo bueno. No me desampares, oh Jehová; Dios mío, no te alejes de mí. Apresúrate a ayudarme, Oh Señor, mi salvación”.
Después de leer estos versículos finales del salmo treinta y ocho te recordamos que este salmo es escrito en un momento dramático a causa de una grave enfermedad de la piel, no sabemos cual, que tiene muy angustiado y solitario al salmista pues tanto conocidos, como amigos, e incluso familia, se alejan de él porque les repugna su presencia a causa de la enfermedad.
Como es natural, en tales circunstancias, los enemigos se alegran, pero, el salmista sigue teniendo en Dios su gran apoyo. Comienzan estos versículos así:
“Dije: No se alegren de mí; Cuando mi pie resbale, no se engrandezcan sobre mí”, y es que la situación es crítica, pues sigue diciendo:
“Pero yo estoy a punto de caer”, Pero no solo eso, pues, además añade: “Y mi dolor está delante de mí continuamente”, Y ese dolor no era solamente físico y emocional, sino también moral, a causa de su pecado, lo deja muy claro al decir:
“Por tanto, confesaré mi maldad, Y me contristaré por mi pecado”, es decir, arreglaré las cosas con Dios, porque la situación es muy grave, lo descubren sus siguientes palabras:
“Porque mis enemigos están vivos y fuertes”, Y no solo eso, que es bastante, sino que añade: “Y se han aumentado los que me aborrecen sin causa”. Con todo hay aquí algo muy importante, los enemigos lo son porque la conducta del salmista es buena y parece que eso les molesta, pues dice a continuación:
“Los que pagan mal por bien Me son contrarios, por seguir yo lo bueno”.
Con toda esta enorme carga de sufrimiento encima, por su enfermedad, por su soledad, por los enemigos y por su propio pecado, es evidente que ya no puede más y su único y seguro refugio es Dios y a Él acude pidiendo ayuda con estas palabras:
“No me desampares, oh Jehová; Dios mío, no te alejes de mí”, y, como la situación es angustiosa, añade:
“Apresúrate a ayudarme, Oh Señor, mi salvación”.
Sea cual sea la situación, en Dios siempre encontrarás comprensión y ayuda.
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