Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 39 Versículos 3-4: Fragilidad humana
Bienvenidos a Miradas. Nuestro viaje por el libro de los salmos nos ha traído hasta el salmo treinta y nueve, escrito por David.
En este salmo sobresalen dos temas muy relacionados: el sufrimiento del salmista y la fugacidad de la vida.
Hoy nos centraremos en el comienzo del lamento que el salmista hace por la brevedad de la vida.
Como cada día, leeremos algunos versículos del salmo para después irlos comentando en detalle.
Nuestra Mirada se detiene en los versículos tres y cuatro, que seguidamente leemos.
Los versículos tres y cuatro del salmo treinta y nueve dicen así:
“Se enardeció mi corazón dentro de mí; En mi meditación se encendió fuego, Y así proferí con mi lengua Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán frágil soy”.
Parece que el salmista estaba haciendo un gran esfuerzo para dar la impresión a los demás que todo iba bien, y que él estaba en paz, pero, lo cierto, es que llevaba dentro una gran inquietud, y acaba explotando con gran fuerza en las palabras que acabamos de leer.
Lo primero que dice es que, como diríamos hoy:
“la procesión va por dentro”, pues confiesa: “Se enardeció mi corazón dentro de mí”.
Parece que el haberse callado acerca de su gran preocupación, durante tanto tiempo, fue acumulando presión en sus emociones hasta hacerse insoportable, pues sigue diciendo:
“En mi meditación se encendió fuego”.
Vamos, que ya está a punto de salir, porque ya es incontenible. Así que ya vamos a conocer la gran preocupación del salmista en ese momento.
Por fin abre su boca para hacer audible su pensamiento y lo hace en una frase que seguramente hemos pensado muchas veces, pues dice:
“Y así proferí con mi lengua Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días”.
En otras palabras, el salmista quiere saber cuanto le queda de vida. ¿Y quien no? ¿No te gustaría saber cuantos años te quedan para hacer planes ajustados a ese tiempo?
Por eso lo pide a Dios de manera explícita. Seguro que todos nosotros hemos hecho planes pensando en vivir un número de años aproximado.
El salmista sabía que su tiempo estaba en manos de Dios y no pide más sino solo saber cuanto, seguramente para aprovecharlo mejor.
La lección para nosotros es que, como no sabemos si nos queda un día o un año, debemos aprovechar cada día que vivimos, porque cada “hoy” es un regalo de Dios.
Los “mañana” son solamente “si Dios quiere”, porque el mañana no es nuestro, es de Dios.
La última frase que examinaremos hoy es muy, pero que muy interesante, pues dice: “Sepa yo cuán frágil soy”.
Generalmente tenemos muy clara nuestra fortaleza y capacidades, porque, salvo situaciones de depresión, acostumbramos a valorarnos mas bien alto, pero el salmista, tal vez por eso, quiere tener clara su fragilidad delante de Dios.
¡Qué importante es que reconozcamos nuestra debilidad!
El salmista está orando con el corazón, con toda franqueza, y pide tener la medida adecuada de sus propias limitaciones.
La mejor forma de acudir delante de Dios es reconociendo que no somos nada por nosotros mismos y buscar en Él la fuerza que no tenemos.
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