Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 4 «Confianza»
Versículos 4,5 «Advertencia»
Bienvenidos a Miradas. Nuestra mirada sigue fijándose en el salmo cuatro. Es posible que este salmo, al igual que el salmo tres, se relacione con el golpe de estado que dio Absalón contra su padre y que tuvo muchos seguidores. Cada día lo leemos completo para no perder la necesaria visión de conjunto que nos permita percibir con claridad su mensaje.
El salmo refleja la confianza de David, su autor, en medio de la presión de las calumnias de sus enemigos. Oigamos lo que dice en este salmo este personaje tan excepcional que fue el rey David:
«Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia. Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar; Ten misericordia de mí, y oye mi oración. Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, Amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? Sabed, pues, que Jehová ha escogido al piadoso para sí; Jehová oirá cuando yo a él clamare. Temblad, y no pequéis; Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Ofreced sacrificios de justicia, Y confiad en Jehová. Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú diste alegría a mi corazón Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado».
Hoy nuestra Mirada se fijará atentamente en los versículos cuatro y cinco del salmo cuatro que nos ofrecen un auténtico mensaje evangelístico, una advertencia que es un llamamiento a confiar en Dios de todo corazón, ya que les dice a sus adversarios:
«Temblad, y no pequéis; Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Ofreced sacrificios de justicia, Y confiad en Jehová». Está claro que el mensaje de estos dos versículos, que David dirige a sus enemigos, es una detallada exhortación a volverse a Dios sinceramente, pues en una cuidada secuencia les invita a dejar su actitud y adoptar otra que agrade a Dios, confiando en Él.
Repasemos las frases que se van desgranando en el pasaje. Comienza la exhortación señalando la conveniencia de tomar a Dios en serio el decirles «Temblad, y no pequéis».
Como pecar solo puede ser contra Dios es evidente que ese «temblad» es recomendar tomarse a Dios en serio, con toda reverencia y santo temor.
La siguiente frase enlaza perfectamente con esta primera ya que dice: «Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad», pues teniendo plena conciencia de Dios, las acusaciones falsas y mentirosas son un pecado grave, por eso recomienda pensárselo bien, consultar con la almohada, y abstenerse de acosar con calumnias.
Las dos siguientes frases son positivas, y una lógica continuación del arrepentimiento iniciado, pues les dice: «Ofreced sacrificios de justicia». Es decir, que vuestro culto a Dios no sean ritos sino una buena conducta con el prójimo. Y termina su exhortación aconsejando el paso definitivo de volverse a Dios: «Y confiad en Jehová».
Es como decirles, si hasta ahora de espaldas a Dios habéis acosado al prójimo, reconoced vuestro pecado y cambiad de corazón vuestra actitud para al fin echaros confiadamente en los brazos de Dios.
Si estás lejos de Dios permíteme parafrasear para ti este texto: «Toma a Dios en serio; piénsalo bien y cambia de actitud. Adora a Dios con tu vida y confía en Él».
(por Daniel Valuja)
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