Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 4 «Confianza»
Versículo 6 «Lucha»
Bienvenidos a Miradas. Nuestra mirada continua fijándose en el salmo cuatro. Como cada día lo leeremos completo para no perder la necesaria visión de conjunto que nos permita percibir con claridad su mensaje y encajar en él el versículo seis al que miraremos con especial atención. Como ya hemos dicho en otras miradas el salmo refleja la confianza de David, su autor, en medio de la presión de las calumnias de sus enemigos.
Oigamos lo que dice en este salmo el que fue pastor de ovejas y más tarde rey, pero siempre salmista inspirado:
«Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia. Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar; Ten misericordia de mí, y oye mi oración. Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, Amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? Sabed, pues, que Jehová ha escogido al piadoso para sí; Jehová oirá cuando yo a él clamare. Temblad, y no pequéis; Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Ofreced sacrificios de justicia, Y confiad en Jehová. Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú diste alegría a mi corazón Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado».
La Mirada de hoy se fija en el breve versículo seis, que incluye una pregunta muy curiosa de los que eran testigos presenciales de la situación y una petición de David, pues dice:
«Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro». Vamos por partes, primero examinemos esa sorprendente pregunta que surge, al parecer, de personas que asistían como espectadores interesados a la confrontación de David con sus adversarios porque veían encumbrarse al traidor y caer al fiel y querían saber cual de los dos hacía lo bueno por eso dice «Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien».
Las cosas estaban ocurriendo al revés, el rey legítimo huyendo y el traidor, precisamente su hijo, en el trono aclamado por sus seguidores. Pero David era el ungido de Dios, ¿Qué estaba pasando? Es como si dudasen de que parte estaba Dios y deseaban tenerlo claro. Por eso David ora diciendo «Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro». Como pidiendo, «Señor ilumina tú la escena para que las cosas se vean en la debida y correcta perspectiva y los que dudan dejen de hacerlo».
¡Cuantas veces las situaciones resultan confusas y los fieles parecen abandonados de Dios! Los que lo presencian, aun teniendo simpatía por ellos, se harán preguntas semejantes a la de estos que David menciona porque ven sombras oscuras donde parecía haber luz brillante y no lo entienden.
El ruego de los fieles debe ser el mismo, pedir al Señor que sea Él quién reivindique el testimonio a la vida de los suyos para la gloria de Dios.
Recordemos los amigos de Job que al verle sufrir comenzaron a acusarle de pecados ocultos porque no podían entender que Dios estuviese castigando a Job si era por su maldad. No nos precipitemos nunca para juzgar lo pasa con otros, ni nos desanimemos si no entendemos lo que nos sucede.
Confiemos en Dios, Él aclarará todas las cosas a su tiempo. Tengamos paciencia y no dejemos nunca de confiar en Él.
(por Daniel Valuja)
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