Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 40 Versículos 14-17: Defiende mi causa
Bienvenidos a Miradas. Nuestras Miradas diarias al libro de los salmos, nos han permitido recorrer, hasta la Mirada de hoy, los cuarenta primeros salmos.
Este salmo fie escrito por David y es un testimonio variado que incluye reconocer la ayuda divina, el propio pecado y necesidad y una profecía mesiánica.
Leeremos, como siempre unos cuantos versículos, que hoy son los finales del salmo, para comentarlos. Los últimos versículos del salmo cuarenta dicen así:
“Sean avergonzados y confundidos a una Los que buscan mi vida para destruirla. Vuelvan atrás y avergüéncense Los que mi mal desean; Sean asolados en pago de su afrenta Los que me dicen: ¡Ea, ea! Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, Y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea enaltecido. Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes”.
Intentaremos reflexionar en lo que hemos leído, que son los últimos versículos del salmo cuarenta y en los cuales se introduce un nuevo tema, la petición de castigo para los enemigos, además de la alabanza, la esperanza y el ruego urgente.
Veamos, las tres frases en las cuales pide el castigo de sus enemigos, la primera frase dice así: “Sean avergonzados y confundidos a una Los que buscan mi vida para destruirla”.
Recordemos siempre, que aunque tengan razones para serlo, los enemigos de los hijos de Dios son enemigos de Dios y, además, solo Dios tiene autoridad para juzgar a castigar a sus hijos.
David repite la misma idea en la siguiente frase, pues dice:
“Vuelvan atrás y avergüéncense Los que mi mal desean”. Pero, en la siguiente frase endurece su petición pues dice:
“Sean asolados en pago de su afrenta Los que me dicen: ¡Ea, ea!”. Fijémonos siempre, que, en estos casos, David encomienda a Dios el castigo, no se toma la justicia por su mano, esto es importantísimo, pues deja la sanción en las manos de Dios. Por grave que sea la situación, aprendamos de este ejemplo, el castigo a los enemigos de sus hijos, solo Dios tiene derecho a impartirlo. Ahora, David cambia de nuevo de tema y se dirige a los creyentes exhortándolos tener en Dios el motivo de su alegría porque siempre responde a los que en Él confían. Su exhortación es así:
“Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan”.
Y añade todavía algo más que indica no sola una íntima alegría, sino una adoración reconocida e informada, ya que tiene la grandiosa experiencia de la salvación obrada por Dios en sus vidas, las palabras del salmista lo reconocen así:
“Y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea enaltecido”.
Ahora el salmista vuelve a pensar en su preciosa esperanza y lo hace desde su situación difícil, lo cual le da verdadero contenido, pues dice: “Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí”.
¡Preciosa seguridad! Aunque seguidamente la explica en una breve frase diciendo: “Mi ayuda y mi libertador eres tú”. Ese era el motivo de su seguridad.
Cierra el salmo un breve clamor de urgencia: “Dios mío, no te tardes”.
Es como si estuviese con un amigo, se lo cuenta todo, con sencillez, con franqueza. ¡Hazlo así!
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