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Salmo 41 – Fruto del corazón (241)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 41 Versículos 1-3: Fruto del corazón

Bienvenidos a Miradas. Seguimos progresando en nuestro recorrido por el libro de los salmos y hoy comenzamos a asomarnos al salmo cuarenta y uno, que es uno de los que escribió David, seguramente en uno de los momentos difíciles de su vida, al parecer por una enfermedad en su piel, o algo semejante, y esto le permite conocer mejor a sus amigos y a sus enemigos y refugiarse en Dios y en su misericordia.

Como el salmo tiene poca extensión vamos a leerlo completo para después comentar en detalle los tres primeros versículos del mismo.

El salmo cuarenta y uno dice así: “Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová. Jehová lo guardará, y le dará vida; Será bienaventurado en la tierra, Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; Mullirás toda su cama en su enfermedad. Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado. Mis enemigos dicen mal de mí, preguntando: ¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre? Y si vienen a verme, hablan mentira; Su corazón recoge para sí iniquidad, Y al salir fuera la divulgan. Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen; Contra mí piensan mal, diciendo de mí: Cosa pestilencial se ha apoderado de él; Y el que cayó en cama no volverá a levantarse. Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, Alzó contra mí el calcañar. Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí, y hazme levantar, Y les daré el pago. En esto conoceré que te he agradado, Que mi enemigo no se huelgue de mí. En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, Y me has hecho estar delante de ti para siempre. Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, Por los siglos de los siglos. Amén y Amén”.

Tal y como dijimos antes, leeremos ahora de nuevo los primeros tres versículos para después comentarlos.

Los tres primeros versículos del salmo cuarenta y uno dicen así:

“Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová. Jehová lo guardará, y le dará vida; Será bienaventurado en la tierra, Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; Mullirás toda su cama en su enfermedad”.

Estos versículos nos dejan una actitud delante de Dios y sus resultados.

La actitud es ayudar al necesitado, porque, eso de “pensar en el pobre” es tanto como decir, estar pendiente y ayudar cuando es necesario que responde al mandamiento de amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Los resultados son varios pero pueden resumirse en el cuidado personal de Dios en el futuro y en el presente, porque se le promete vida, refiriéndose a la esperanza, protección de sus enemigos y ánimo en su enfermedad.

Los tiempos tan materialistas que vivimos y el engaño, incluso en los que aparentan necesidad, nos hace desconfiados y precavidos y reticentes ante las necesidades ajenas. Necesitamos mirar a los necesitados con la mirada compasiva de Dios, porque nos ha puesto a nosotros para que seamos su corazón y sus manos en este mundo.

Atendamos al necesitado, no por la recompensa sino por el deber de hacerlo.

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