Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 41 Versículos 7-9: Traición dolorosa
Bienvenidos a Miradas. Proseguimos avanzando por el libro de los salmos, y estos días lo estamos haciendo en el salmo cuarenta y uno, en realidad casi estamos llegando al final.
Este salmo escrito por David en una situación difícil nos muestra su dolor por una enfermedad, y, sobre todo, por falsos amigos que eran en realidad enemigos, pero, además confiesa y pide perdón por sus faltas y ensalza a Dios.
Como el salmo no tiene mucha extensión vamos a leerlo entero antes de comentar, como cada día, algunos versículos.
El salmo cuarenta y uno dice así:
“Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová. Jehová lo guardará, y le dará vida; Será bienaventurado en la tierra, Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; Mullirás toda su cama en su enfermedad. Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado. Mis enemigos dicen mal de mí, preguntando: ¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre? Y si vienen a verme, hablan mentira; Su corazón recoge para sí iniquidad, Y al salir fuera la divulgan. Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen; Contra mí piensan mal, diciendo de mí: Cosa pestilencial se ha apoderado de él; Y el que cayó en cama no volverá a levantarse. Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, Alzó contra mí el calcañar. Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí, y hazme levantar, Y les daré el pago. En esto conoceré que te he agradado, Que mi enemigo no se huelgue de mí. En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, Y me has hecho estar delante de ti para siempre. Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, Por los siglos de los siglos. Amén y Amén”.
Después de leído el salmo cuarenta y uno, nos detendremos unos momentos en los versículos siete al nueve, que dicen así:
“Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen; Contra mí piensan mal, diciendo de mí: Cosa pestilencial se ha apoderado de él; Y el que cayó en cama no volverá a levantarse. Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, Alzó contra mí el calcañar”.
Estos versículos retratan a los enemigos, y a un falso amigo, de forma dramática. Vamos primero con los enemigos.
El salmo dice que ellos: “Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen; Contra mí piensan mal, diciendo de mí: Cosa pestilencial se ha apoderado de él; Y el que cayó en cama no volverá a levantarse”.
En vez de unirse para el bien, se unen para ayudar a caer el salmista, es más, ya lo dan por liquidado, son como una bandada de buitres acechando a un moribundo. Pero, lo más dramático, es el que se hizo pasar por amigo íntimo ahora, al verlo caído, se olvida de la amistad y se une a los enemigos, hace causa común con ellos.
Esto es como el refrán: “del árbol caído todos hacen leña”. Y es que lo más fácil es ponerse de parte de la mayoría, aunque esa mayoría sea maligna.
De nuevo tenemos que decir que los hijos de Dios tienen que se amigos fieles de sus amigos.
El amigo verdadero es el que mantiene su amistad en los malos momentos, ya que en la prosperidad y triunfo todos son amigos de conveniencia.
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