Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 43 Versículo 1: Ampárame
Bienvenidos a Miradas. Seguimos avanzando por este libro singular que es el libro de los salmos. Que, como ya hemos dicho otras veces, es el libro más extenso de la Biblia y el más citado en los evangelios y las epístolas en el Nuevo Testamento.
Además, es el libro más íntimo de la Biblia, porque descubre delante de Dios el corazón de sus autores. Pues, en nuestro diario recorrido hemos llegado ya al salmo cuarenta y tres, un salmo muy breve, tiene solamente cinco versículos, pero con un contenido muy inspirador.
Este salmo es muy semejante al anterior y podría ser perfectamente su continuación, ya que es una oración que tiene algo de queja y de esperanza.
Cada día leeremos el salmo completo y fijaremos nuestra Mirada en uno de sus versículos.
Por lo tanto, comenzaremos leyendo el salmo, el salmo cuarenta y tres dice así:
“Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa; Líbrame de gente impía, y del hombre engañoso e inicuo”. Pues que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado? ¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo? Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; Me conducirán a tu santo monte, Y a tus moradas. Entraré al altar de Dios, Al Dios de mi alegría y de mi gozo; Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío. ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”. Después de leer completo este salmo cuarenta y tres, vamos a detener nuestra Mirada en el versículo primero del mismo, que dice así:
“Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa; Líbrame de gente impía, y del hombre engañoso e inicuo”. En este versículo tenemos cuatro frases que llaman nuestra atención.
La primera de ellas es la frase inicial del salmo que dice así:
“Júzgame, oh Dios”.
Esta frase quiere decir algo así como “Dios mío, ocúpate de mi situación”, no es una protesta de alguien que se siente perfecto y desafía a Dios a que compruebe su perfección sino una petición para que sea Dios quien se ocupe de su causa. Pero, aun hay más, ya que el salmista añade: “defiende mi causa”.
Esto es mucho más, ya que no solo es que Dios se ocupe de su conflicto, sino que le pide que sea su defensor.
Esta petición deja ver una gran intimidad y familiaridad del salmista con Dios. Así debe ser nuestra relación con Él ya que es nuestro Padre.
Continuamos examinando la petición del salmista y la siguiente frase dice así:
“Líbrame de gente impía”.
El salmista pide ser defendido de las agresiones malvadas de gente mundana, cuyos principios no son los de Dios, y que, frecuentemente, son una presión diaria que empuja hacia la conducta que no agrada a Dios.
Seguidamente, añade otra petición, que, aunque forma parte de la misma, tiene un matiz nuevo e importante, pues dice: “y del hombre engañoso e inicuo”.
Lo que parece tener un acento más personal, y referirse a alguien con poder y maldad, que utiliza artimañas sagaces para atrapar en sus engaños a los incautos.
Lo más interesante de toda esta petición es que el salmista no se cree con capacidad para defenderse sino que, consciente de su debilidad, recurre a Dios.
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