Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 44 Versículos 4-8: Dios defiende
Bienvenidos a Miradas. El recorrido diario por el libro de los salmos sigue progresando y ya hemos llegado al salmo cuarenta y cuatro.
Este salmo es una oración con un notable contraste, pues, desde un comienzo de alabanza, por la ayuda divina en el pasado, pasa a un lamento por sentirse abandonados, de una forma incomprensible, y termina pidiendo ayuda intensamente.
Hoy veremos con detalle los versículos cuatro al ocho que recogen la segunda parte de la alabanza inicial del salmo por las victorias que Dios dio a su pueblo en el pasado.
Los versículos cuatro al ocho del salmo cuarenta y cuatro dicen así: “Tú, oh Dios, eres mi rey; Manda salvación a Jacob. Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos; En tu nombre hollaremos a nuestros adversarios. Porque no confiaré en mi arco, Ni mi espada me salvará; Pues tú nos has guardado de nuestros enemigos, Y has avergonzado a los que nos aborrecían. En Dios nos gloriaremos todo el tiempo, Y para siempre alabaremos tu nombre”.
Después de leer estos cinco versículos del salmo cuarenta y cuatro, vamos a repasarlos, frase por frase.
Comienzan con una afirmación sencilla, y, a la vez, rotunda, pues dice: “Tú, oh Dios, eres mi rey”. E
sta frase no necesita explicación ya que es una confesión de total y absoluta dependencia y sumisión a Dios. Seguidamente encontramos un brevísimo ruego, ya que dice:
“Manda salvación a Jacob”. Porque el salmista tiene muy claro que la salvación es de Dios. Y lo tiene tan claro que añade:
“Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos; En tu nombre hollaremos a nuestros adversarios”.
Es decir sería la ayuda de Dios la que les quitaría de encima a los enemigos y los aplastaría. Aún aclara más estas frases a continuación, cuando confiesa que no confía en sus propias fuerzas, ya que dice:
“Porque no confiaré en mi arco, Ni mi espada me salvará”.
¡Qué importante es tener esto claro!
Es Dios quien gana las batallas de los suyos, nuestras fuerzas son insuficientes.
La seguridad del salmista en la intervención de Dios se basa en su ayuda en el pasado y así lo reconoce al decir: “Pues tú nos has guardado de nuestros enemigos”.
Es decir, Dios fue su defensa eficaz en el pasado y confía en Él para el futuro.
Es más, añade un detalle muy interesante, pues dice: “Y has avergonzado a los que nos aborrecían”.
Esto es muy importante, pues quiere decir que los enemigos quedaron en ridículo al enfrentarse contra el pueblo de Dios y les quedó muy claro que se oponían a Dios mismo, lo cual es absurdo pues no hay ni la más mínima posibilidad de vencer.
Este conjunto de hechos lleva al salmista a exclamar con entusiasmo que de forma permanente Dios será su motivo de alegría, y lo dice con estas palabras:
“En Dios nos gloriaremos todo el tiempo, Y para siempre alabaremos tu nombre”.
Después de meditar estas expresiones del salmista, sin duda podemos identificarnos con su reconocimiento de la ayuda de Dios en el pasado, supliendo nuestras fuerzas insuficientes, y darle alabanza porque esa ayuda ha sido siempre suficiente y nunca hemos merecido, ni mereceremos, tal bendición de su parte.
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