Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Hemos llegado al salmo cuarenta y ocho, un salmo que nos lleva a la ciudad santa de Jerusalén, al santuario de Dios. Y que a nosotros nos recuerda la presencia gloriosa de Dios.
Leeremos el salmo entero y comentaremos los versículos cuatro al siete. El salmo cuarenta y ocho dice así:
“Grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado En la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo. Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, Es el monte de Sion, a los lados del norte, La ciudad del gran Rey. En sus palacios Dios es conocido por refugio. Porque he aquí los reyes de la tierra se reunieron; Pasaron todos. Y viéndola ellos así, se maravillaron, Se turbaron, se apresuraron a huir. Les tomó allí temblor; Dolor como de mujer que da a luz. Con viento solano Quiebras tú las naves de Tarsis. Como lo oímos, así lo hemos visto En la ciudad de Jehová de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios; La afirmará Dios para siempre. Nos acordamos de tu misericordia, oh Dios, En medio de tu templo. Conforme a tu nombre, oh Dios, Así es tu loor hasta los fines de la tierra; De justicia está llena tu diestra. Se alegrará el monte de Sion; Se gozarán las hijas de Judá Por tus juicios. Andad alrededor de Sion, y rodeadla; Contad sus torres. Considerad atentamente su antemuro, Mirad sus palacios; Para que lo contéis a la generación venidera. Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; Él nos guiará aun más allá de la muerte”.
Después de leer el salmo cuarenta y ocho entero, repasemos les versículos cuatro al siete que dicen así:
“Porque he aquí los reyes de la tierra se reunieron; Pasaron todos. Y viéndola ellos así, se maravillaron, Se turbaron, se apresuraron a huir. Les tomó allí temblor; Dolor como de mujer que da a luz. Con viento solano Quiebras tú las naves de Tarsis”.
En estos versículos encontramos dos cosas que son muy claras.
La primera es una reunión de poderes de este mundo contra Dios, y la segunda un espanto tan grande, al verse ante el glorioso santuario de Dios, que emprenden la huida. Vamos a detenernos en cada frase.
El movimiento agresor de los poderes de este mundo se describe así: “Porque he aquí los reyes de la tierra se reunieron; Pasaron todos”.
Las intenciones de luchar contra Dios estaban claras. Pero, esta fuerza invasora, cuando llega cerca de la ciudad de Dios, al verla, quedan asombrados ante su gloria, así lo dice la frase siguiente con estas palabras:
“Y viéndola ellos así, se maravillaron”. Y ese asombro se torna en un terror tan grande que emprenden la huida en desbandada, como dice la siguiente frase: “Se turbaron, se apresuraron a huir. Les tomó allí temblor”.
Es más, el salmo ofrece dos ilustraciones del efecto que les produjo verse ante la santa presencia de Dios con estas palabras: “Dolor como de mujer que da a luz. Con viento solano Quiebras tú las naves de Tarsis”.
El dolor de una mujer en el parto y los efectos desastrosos de un gran temporal sobre una flota comercial en alta mar, dan idea del terror que les produce la cercanía gloriosa de Dios.
Y es que verse ante Dios como enemigo siempre es espantoso.
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