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Salmo 58 – Maldad a sabiendas (313)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. Nuestro diario recorrido por el libro de los salmos sigue avanzando y ya estamos casi en la mitad del salmo cincuenta y ocho, un salmo que denuncia la injusticia y anuncia su castigo porque nadie puede escapar a la justicia de Dios.

El salmo fue escrito por el mayor de los salmistas, por David, cuya experiencia de sufrir injusticias clamorosas fue muy abundante y durante mucho tiempo.

Dada la extensión del salmo, lo leemos entero cada día y comentamos una parte del mismo hasta completarlo.

Hoy, tras leerlo entero, comentaremos los versículos tres al cinco del mismo. El salmo cincuenta y ocho dice así:

“Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres? Antes en el corazón maquináis iniquidades; Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra. Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron. Veneno tienen como veneno de serpiente; Son como el áspid sordo que cierra su oído, Que no oye la voz de los que encantan, Por más hábil que el encantador sea. Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas; Quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos. Sean disipados como aguas que corren; Cuando disparen sus saetas, sean hechas pedazos. Pasen ellos como el caracol que se deslíe; Como el que nace muerto, no vean el sol. Antes que vuestras ollas sientan la llama de los espinos, Así vivos, así airados, los arrebatará él con tempestad. Se alegrará el justo cuando viere la venganza; Sus pies lavará en la sangre del impío. Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra”.

Ahora, tras leer entero el salmo cincuenta y ocho, vamos a comentar, frase por frase, los versículos tres al cinco, que completan la descripción de las injusticias de unos pocos poderosos, pues dicen así:

“Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron. Veneno tienen como veneno de serpiente; Son como el áspid sordo que cierra su oído, Que no oye la voz de los que encantan, Por más hábil que el encantador sea”.

Vamos a ver cada frase de esta descripción. La primera y la segunda dejan claro que son malvados desde la niñez, o, mejor aun, que se desviaron hacia el mal desde los inicios de su vida, pues dice:

“Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron”. Seguidamente afina su calificación, acusándolos de venenosos en extremo, pues les dice:

“Veneno tienen como veneno de serpiente”. Y termina la acusación, señalando su total rebeldía a toda dirección y autoridad, negándose a escuchar, pues dice de ellos estas palabras:

“Son como el áspid sordo que cierra su oído, Que no oye la voz de los que encantan, Por más hábil que el encantador sea”.

La maldad más terrible es la que no admite reproche alguno, porque ya ni escucha, sigue su escalada de mal sin atender a razones de ninguna clase.

Gran equivocación, porque de Dios nadie puede burlarse por mucho que lo pretenda, ese es la conclusión de este salmo, como veremos en su día.

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