Espacio presentado por Daniel Valuja.
Salmo 6 Misericordia
Versículos 1 y 2: Ten misericordia
Bienvenidos a Miradas. Iniciamos hoy una excursión por el salmo seis, para dedicarle unas cuantas miradas.
El salmo seis, al que hemos titulado «Misericordia», es un salmo de David que surge de una situación muy angustiosa en la que se suman tres factores, el pecado personal, la enfermedad y el acoso de los enemigos.
Ante una situación tan adversa, que parece no tener fin, David se vuelve a Dios pidiendo misericordia con la total seguridad de ser atendido, pues el salmo dice así:
«Jehová, no me reprendas en tu enojo, Ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; Sálvame por tu misericordia. Porque en la muerte no hay memoria de ti; En el Seol, ¿quién te alabará? Me he consumido a fuerza de gemir; Todas las noches inundo de llanto mi lecho, Riego mi cama con mis lágrimas. Mis ojos están gastados de sufrir; Se han envejecido a causa de todos mis angustiadores. Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. Jehová ha oído mi ruego; Ha recibido Jehová mi oración. Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos; Se volverán y serán avergonzados de repente». Nuestra Mirada de hoy se detiene en los versículos uno y dos del salmo seis que hemos titulado «Ten misericordia» y en los cuales David confiesa implícitamente su pecado a Dios y menciona su enfermedad, recurriendo por ellos a la misericordia divina, pues dice: «Jehová, no me reprendas en tu enojo, Ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen».
Llama la atención que David no invoca derechos, como hacemos nosotros muchas veces, sino que se confiesa merecedor de castigo, y tal vez, piensa que su enfermedad es una consecuencia de su pecado.
La petición tiene tres partes que se apoyan en la misericordia de Dios. En la primera pide perdón para su pecado, al que alude sin mencionarlo, cuando dice: «Jehová, no me reprendas en tu enojo, Ni me castigues con tu ira». Así que la petición comienza por reconocer el propio pecado.
En la segunda pide misericordia para su mal, es decir, se confiesa sin ningún derecho ni capacidad para restablecerse y pide favor de parte de Dios, pues dice: «Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo». Y en la tercera pide la sanidad de su enfermedad confesando su intenso sufrimiento, ya que dice: «Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen».
En un mundo en el cual todos exigen sus derechos, incluso a Dios, es necesario recordar que delante de Dios no tenemos ningún derecho, sino todo lo contrario, Él tiene todo el derecho a exigirnos a nosotros.
Por eso, la única forma de acercarnos a Él es reconocer nuestra indignidad y necesidad, pidiendo su perdón y acogiéndonos a su inmensa misericordia, para ser perdonados y sanados. David dice, en otro de sus salmos, que Dios nunca deja de acoger a quien se acerca a Él contrito y humillado.
No sigas lejos de Dios, acércate a Él invocando su misericordia y buscando su perdón. Él te recibirá con amor y sin reproches.
(por Daniel Valuja)
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