Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Hoy nos despedimos del salmo sesenta y tres, completando estos cinco días que le hemos dedicado con la Mirada puesta en el último versículo del mismo.
Debemos este salmo al rey David, quien, a pesar de su intensa tarea como gobernante, da prioridad a su relación con Dios y eso se nota en sus salmos y en su biografía, en la cual, a pesar de sus caídas, predomina siempre su fidelidad a Dios y su brillante testimonio.
En el salmo que hoy terminamos David manifiesta el profundo deseo de mejorar su comunión personal con Dios, porque sabe muy bien que supera a todo otro bien, y no olvidemos que se trataba de un rey poderoso y rico.
Vamos a leer el salmo entero, para darnos cuenta de lo que acabamos de decir, y después comentaremos en detalle el último versículo del mismo.
El salmo sesenta y tres dice así: “Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario. Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, Y con labios de júbilo te alabará mi boca, Cuando me acuerde de ti en mi lecho, Cuando medite en ti en las vigilias de la noche. Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido. Pero los que para destrucción buscaron mi alma Caerán en los sitios bajos de la tierra. Los destruirán a filo de espada; Serán porción de los chacales. Pero el rey se alegrará en Dios; Será alabado cualquiera que jura por él; Porque la boca de los que hablan mentira será cerrada”.
Aunque acabamos de leer todo el salmo, vamos a leer de nuevo el último versículo del mismo para después poner nuestra Mirada atentamente en cada una de sus frases.
El versículo once del salmo sesenta y tres dice así: “Pero el rey se alegrará en Dios; Será alabado cualquiera que jura por él; Porque la boca de los que hablan mentira será cerrada”.
Ya al final del salmo, David se refiere a su condición real, pero únicamente para relacionarla con su relación con Dios.
Lo hace en una frase breve, pero llena de contenido, que contrasta su condición real, con todo lo que eso suponía de poder, riqueza y honores, con su relación de comunión íntima con Dios, diciendo con mucha claridad cual era la fuente principal de su alegría, muy por encima de sus glorias como rey, pues dice:
“Pero el rey se alegrará en Dios”.
Así que, lo valioso para él no era su condición social, sino su relación con Dios.
¡Precioso ejemplo! Para finalizar el salmo nos deja un nuevo contraste entre dos formas de vivir. La primera es tener en cuenta a Dios y de ella dice:
“Será alabado cualquiera que jura por él”. La segunda es el triste fin de los que viven siguiendo al padre del engaño, pues dice:
“Porque la boca de los que hablan mentira será cerrada”.
La moraleja es muy sencilla, solo vale la pena tener a Dios en cuenta, lo demás es fracaso.
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