Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 64 – Ponme a cubierto (337)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. Ya estamos recorriendo el salmo sesenta y cuatro, otro de los que escribió David, quien fue primero pastor de ganado, después guerrero brillante, más tarde enemigo público, porque el rey Saúl le envidiaba, y por último rey de Israel durante cuatro décadas, pero, siempre, en todas las etapas de su vida, fue en fiel creyente en el Dios verdadero y lo demostró una y otra vez, de forma especial en los muchos salmos que escribió.

Este salmo podríamos resumirlo diciendo que Dios ayuda al justo que depende de Él. Vamos a leer el salmo entero antes de detener nuestra Mirada en los versículos dos al cuatro del mismo.

El salmo sesenta y cuatro dice así: “Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; Guarda mi vida del temor del enemigo. Escóndeme del consejo secreto de los malignos, De la conspiración de los que hacen iniquidad, Que afilan como espada su lengua; Lanzan cual saeta suya, palabra amarga, Para asaetear a escondidas al íntegro; De repente lo asaetean, y no temen. Obstinados en su inicuo designio, Tratan de esconder los lazos, Y dicen: ¿Quién los ha de ver? Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta; Y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo. Mas Dios los herirá con saeta; De repente serán sus plagas. Sus propias lenguas los harán caer; Se espantarán todos los que los vean. Entonces temerán todos los hombres, Y anunciarán la obra de Dios, Y entenderán sus hechos. Se alegrará el justo en Jehová, y confiará en él; Y se gloriarán todos los rectos de corazón”.

Sin perder de vista el salmo entero, que acabamos de leer, vamos a centrar nuestra atención en los versículos dos al cuatro que examinaremos frase por frase.

Los versículos dos al cuatro del salmo sesenta y cuatro dicen así:

“Escóndeme del consejo secreto de los malignos, De la conspiración de los que hacen iniquidad, Que afilan como espada su lengua; Lanzan cual saeta suya, palabra amarga, Para asaetear a escondidas al íntegro; De repente lo asaetean, y no temen”.

Detengámonos en la primera frase, que examinaremos en dos partes, y que, en su primera parte, dice:

“Escóndeme del consejo secreto de los malignos”. Es decir, no dejes que lleven a cabo los planes que traman secretamente para hacerme daño.

Seguidamente repite con otras palabras la misma idea, pero añadiendo matices interesantes, pues dice: “De la conspiración de los que hacen iniquidad”.

En esta segunda parte, intensifica lo dicho en la primera ya que, el “consejo” se amplía y especifica cuando se vuelve “conspiración” y los “malignos” que aparecen en la primera parte se describen claramente como “los que hacen iniquidad”.

Seguidamente aclara que sus enemigos le atacaban con insidias muy estudiadas tan agresivas como armas afiladas pues dice:

“Que afilan como espada su lengua; Lanzan cual saeta suya, palabra amarga”. Y es que la difamación puede destruir una vida mejor que un arma blanca. Lo aclara con la siguiente frase, pues dice: “Para asaetear a escondidas al íntegro”. Además eran atrevidos, pues dice:

“De repente lo asaetean, y no temen”.

Tengamos mucho cuidado con las palabras.

Más de

¿Quieres seguir escuchando?

Tenemos miles de audios sobre fe, esperanza, oración y vida cristiana esperándote.

Sigue explorando: Cargando temas...
Explorar todos los audios por temas →

¿Buscas un programa anterior que no ves aquí?

Consulta la Fonoteca en Telegram: todas las emisiones desde enero de 2026, hora por hora.

Ver cómo funciona →