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Salmo 66 Alabemos alegres (346)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. Nuestro caminar por el libro de los salmos acaba de llegar al salmo sesenta y seis que empezamos hoy a meditar.

Como la extensión del salmo ya no nos permite leerlo entero, porque nos dejaría casi sin espacio para comentar los versículos a los que dedicaremos hoy nuestra Mirada, pues leeremos los cuatro primeros versículos para comentarlos con calma. Pero, antes, diremos un poco de que va el salmo.

El salmo sesenta y seis es un reconocimiento de lo que Dios es y hace, es decir, es todo un compendio de adoración, pues, reúne alabanza por la salvación nacional en los versículos uno al seis, su señorío universal en el siete y el ocho, las pruebas con las que forma a su pueblo, del nueve al doce, el compromiso de cumplir con Él en los versículos trece al quince, y el carácter misericordioso de Dios del dieciséis al veinte.

Los versículos uno al cuatro del salmo sesenta y seis, que comentaremos hoy, dicen así: “Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra. Cantad la gloria de su nombre; Poned gloria en su alabanza. Decid a Dios:

¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. Toda la tierra te adorará, Y cantará a ti; Cantarán a tu nombre”.

Estos versículos que hemos leído son un llamamiento a la alabanza universal al Dios Todopoderoso. Vamos a irlos desgranando, frase a frase, para saborear mejor su contenido meditándolos poco a poco.

El tono general de estos versículos es de alegría, de entusiasmo, y alcanza a todo el orbe invitando a alabar con alegría, no como un ejercicio religioso sino como una explosión gozosa, pues comienza diciendo:

“Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra”. La frase siguiente concreta en cuanto a la gloria de Dios.

A veces usamos el nombre de Dios con cierta ligereza sin la debida reverencia, porque cuando citamos a Dios estamos mencionando todo lo que es y hace, pues, la segunda frase del salmo dice: “Cantad la gloria de su nombre”. Y la siguiente sigue subrayando la gloria de Dios, que debe saturar la alabanza a Él, pues dice: “Poned gloria en su alabanza”. Seguidamente, se sugiere a los que alaban que mediten en la maravilla de sus obras y se lo digan con gozo.

Lo hace diciendo: “Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras!”. ¿Lo hemos hecho alguna vez? A continuación, el salmista hace un anuncio solemne, que también es motivo de alabanza, todos los que se oponen a Dios serán doblegados y tendrán que reconocerle, aunque no quieran, y lo harán con temor, pues dice:

“Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos”. Pero aun dice más, pues asegura que todo ser humano le rendirá adoración, es decir, reconocerán su gloria y su poder absolutos, lo afirma con estas palabras:

“Toda la tierra te adorará, Y cantará a ti”. Y la última frase de estos primeros cuatro versículos del salmo sesenta y seis vuelve a destacar que esa alabanza es para Aquel cuyo nombre es sobre todo nombre, cuya dignidad es sobre toda otra dignidad, pues dice:

“Cantarán a tu nombre”. Seremos sabios si hacemos lo mismo, dando alabanza al único que lo merece.

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