Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Nuestro diario recorrido por el libro de los salmos nos ha llevado hasta el salmo sesenta y seis, cuyo autor desconocemos pero que estaba relacionado con el culto del templo, especialmente con el canto porque está dedicado al músico principal y es un completísimo canto de adoración, es decir, un reconocimiento de lo que Dios es y hace, especialmente a favor de su pueblo, que a veces incluye las pruebas que son con frecuencia la escuela de Dios.
Aunque no es un salmo muy extenso, si es lo suficiente como para no leerlo entero cada día, como hacemos con los salmos más breves, así que, leeremos únicamente los versículos sobre los cuales pondremos nuestra Mirada de hoy para meditarlos con todo el detalle posible, dentro de la brevedad del programa.
Hoy tendremos delante para leer y examinar con nuestra meditación los versículos ocho al doce del salmo sesenta y seis, en los cuales se nos presenta la escuela de Dios para su pueblo, y que dicen así:
“Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, Y haced oír la voz de su alabanza. El es quien preservó la vida a nuestra alma, Y no permitió que nuestros pies resbalasen. Porque tú nos probaste, oh Dios; Nos ensayaste como se afina la plata. Nos metiste en la red; Pusiste sobre nuestros lomos pesada carga. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza; Pasamos por el fuego y por el agua, Y nos sacaste a abundancia”.
Recordemos que el tono general del salmo es de adoración, de reconocimiento de lo que Dios es y hace, las primeras palabras de los versículos que son el objeto de nuestra Mirada de hoy son una nueva invitación a la alabanza universal, pues dicen:
“Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, Y haced oír la voz de su alabanza”.
Pero, seguidamente, el salmo recuerda la historia nacional de Israel en dos aspectos vitales, el cuidado paternal de Dios sobre los suyos y su disciplina para educarles por medio de las pruebas.
En dos frases se describe el cuidado amoroso de Dios, la primera dice: “El es quien preservó la vida a nuestra alma”. Es decir, cuidó nuestras vidas, nos libró de la muerte.
La segunda afina un poquito más, al referirse a los fallos en el vivir diario, sobre todo cuando estos fallos son muy peligrosos, pues añade: “Y no permitió que nuestros pies resbalasen”. Pero, seguidamente, nos explica la herramienta que Dios usó para irles enseñando el camino correcto, las pruebas.
Esto lo reconoce el salmista diciendo: “Porque tú nos probaste, oh Dios”.
Y. seguidamente, menciona cinco pasos de estas pruebas, a saber, el primero:
“Nos ensayaste como se afina la plata”. Comprobando su autenticidad, segundo paso, la prueba de la fe ante una situación imposible, pues dice: “Nos metiste en la red”. Tercer paso, la prueba de la entrega, diciendo: “Pusiste sobre nuestros lomos pesada carga”.
Cuarto paso, la prueba de la paciencia, pues dice: ” Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza”. Y quinto paso, la prueba de la valentía, pues dice: “Pasamos por el fuego y por el agua”. Y, después de todo esto, el precioso resultado:
“Y nos sacaste a abundancia”. Se refiere a Israel en el pasado, pero es aplicable a nosotros.
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