Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Nuestro programa está avanzando por el salmo sesenta y ocho.
Este es el tercer programa que le dedicamos y aún estaremos con el otros cuatro programas más, porque es bastante extenso.
Este salmo fue escrito por David y se ocupa del señorío eterno de Dios, especialmente en relación con su pueblo.
Hoy pondremos nuestra Mirada sobre los versículos siete al doce que recuerdan hechos salvadores de Dios a favor de su pueblo en el pasado. Los versículos siete al doce del salmo sesenta y ocho dicen así:
“Oh Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo, Cuando anduviste por el desierto, La tierra tembló; También destilaron los cielos ante la presencia de Dios; Aquel Sinaí tembló delante de Dios, del Dios de Israel. Abundante lluvia esparciste, oh Dios; A tu heredad exhausta tú la reanimaste. Los que son de tu grey han morado en ella; Por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre. El Señor daba palabra; Había grande multitud de las que llevaban buenas nuevas. Huyeron, huyeron reyes de ejércitos, Y las que se quedaban en casa repartían los despojos”.
Ahora, después de leer estos seis versículos del salmo sesenta y ocho, vamos a poner nuestra Mirada sobre cada frase de los mismos, sin perder de vista que el tema general del salmo es la soberanía eterna de Dios.
La primera frase recuerda al pastor, que va delante de las ovejas, pues dice: “Oh Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo”.
El Dios Todopoderoso abre camino en seguridad para su pueblo. Las dos frases siguientes recuerdan la travesía del territorio despoblado, al que se llama desierto, pero que no era un desierto de arena, sino tierra inhóspita y deshabitada, es decir, desierta de seres humanos y de cultivos. Se nos recuerda en estas frases el impacto de la presencia de Dios, conduciendo a su pueblo, diciendo:
“Cuando anduviste por el desierto, La tierra tembló”. La frase siguiente parece referirse a las manifestaciones de Dios por medio de alimentos y agua para su pueblo, como bendiciones venidas del cielo, pues dice: “También destilaron los cielos ante la presencia de Dios”.
A continuación, se refiere a la presencia grandiosa de la gloria de Dios en el monte Sinaí, pues dice: “Aquel Sinaí tembló delante de Dios, del Dios de Israel”. Y, en las dos frases siguientes recuerda como Dios dio ánimos a su pueblo con su provisión, diciendo:
“Abundante lluvia esparciste, oh Dios; A tu heredad exhausta tú la reanimaste”.
En las dos frases siguientes el salmista ya se refiere a la posesión de la tierra que Dios les había dado, diciendo: “Los que son de tu grey han morado en ella; Por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre”.
Seguidamente, recuerda la transmisión de la Palabra de Dios que ha tenido multitud de portadores, pues añade: “El Señor daba palabra; Había grande multitud de las que llevaban buenas nuevas”.
Y terminan estos versículos con una referencia a las victorias del pueblo de Dios, diciendo:
“Huyeron, huyeron reyes de ejércitos, Y las que se quedaban en casa repartían los despojos”. En suma, Dios acompaña, provee y da victoria. Gracias a Dios.
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