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Salmo 69 – Ya no puedo (361)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. El libro de los salmos sigue entregándonos sus riquezas cada día.

Hoy comenzamos el recorrido por el salmo sesenta y nueve, otro de los salmos que escribió David.

Este salmo relata una situación de sufrimiento muy grande e injusto del salmista, que lo describe con mucho sentimiento y pide a Dios ayuda y también castigo para sus enemigos.

No sabemos en que momento de la vida de David se produce este ruego apasionado, pero nos enseña muchas cosas. Como el salmo es bastante extenso iremos leyendo y comentando unos pocos versículos cada día, hoy lo haremos con los cuatro primeros.

Los versículos uno al cuatro del salmo sesenta y nueve dicen así:

“Sálvame, oh Dios, Porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado. Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; Han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa; Se han hecho poderosos mis enemigos, los que me destruyen sin tener por qué. ¿Y he de pagar lo que no robé?”

David ilustra su situación con figuras muy gráficas, veamos, comienza diciendo: “Sálvame, oh Dios, Porque las aguas han entrado hasta el alma”.

De estas palabras se deducen dos cosas muy importantes, la primera de ellas es que David, en una situación que le sobrepasa, recurre a Dios sin dudarlo. La segunda es que el sufrimiento del que trata el salmo le afectaba hasta lo más íntimo. Lo confirma con las dos siguientes frases en las cuales dice:

“Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado”.

En estas dos frases reconoce que la situación le está ahogando, tanto con su maldad como con su violencia. David pide socorro a Dios pero le parece que tarda en llegar, pues está agotado de clamar, y es que, cuando las cosas van mal, los minutos parecen días y los días parecen años, lo dice así:

“Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido”. Pero, no solo se ha agotado su voz de tanto suplicar continuamente, también sus ojos, con los que esperaba con ansia ver la intervención de Dios, pero esta aun no ha llegado. Y la situación se ha ido agravando, porque sus enemigos, que están en contra suya injustamente, aumentan sin cesar y ya son innumerables, pues añade:

“Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa”.

Pero, no solo son muchísimos, sino muy peligrosos por su poder y agresividad, sin razón alguna, pues añade: “Se han hecho poderosos mis enemigos, los que me destruyen sin tener por qué”. Pero, aun hay más, porque le exigen restituir bienes con los que no ha tenido nada que ver, pues dice amargamente:

“¿Y he de pagar lo que no robé?”. ¡Qué difíciles son de sobrellevar las injusticias! Si estás en una situación semejante, refúgiate en Dios y no desesperes si te parece que tarda.

Él siempre llega en el momento oportuno y con la ayuda perfecta. Confía en Él.

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