Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Hoy tendremos delante el salmo setenta entero, porque es muy breve, pero eso no lo hace menos valioso en absoluto, sino que nos permite tenerlo completo en nuestra reflexión.
Este salmo, escrito por David, es casi idéntico a los últimos cinco versículos del salmo cuarenta, y creemos que la repetición del tema reclama, como siempre, más atención de nuestra parte porque la Palabra de Dios no duplica nada sin objetivo.
El salmo setenta dice así: “Oh Dios, acude a librarme; Apresúrate, oh Dios, a socorrerme. Sean avergonzados y confundidos Los que buscan mi vida; Sean vueltos atrás y avergonzados Los que mi mal desean. Sean vueltos atrás, en pago de su afrenta hecha, Los que dicen: ¡Ah! ¡Ah! Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, Y digan siempre los que aman tu salvación: Engrandecido sea Dios. Yo estoy afligido y menesteroso; Apresúrate a mí, oh Dios. Ayuda mía y mi libertador eres tú; Oh Jehová, no te detengas”. Vamos ahora a repasar este salmo poco a poco.
Las dos primeras frases, nos indican claramente una necesidad urgente. Necesidad urgente de liberación de un peligro. Pues dice en ellas:
“Oh Dios, acude a librarme; Apresúrate, oh Dios, a socorrerme”. Seguidamente, el salmo ya descubre algo acerca de la razón por la cual David pide ayuda urgente a Dios, pues dice: “Sean avergonzados y confundidos Los que buscan mi vida”.
La frase: “los que buscan mi vida”, puede referirse a dos cosas, o que querían matarle o que querían destruir por completo su buen nombre y arruinar su prestigio y su vida, en cualquier caso, David reconoce que solamente Dios podía librarle, y, desde luego, no busca ninguna otra ayuda. Con una ligera modificación, repite esta parte de su petición diciendo:
“Sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal desean”.
Seguidamente, nos dice que ya había recibido un daño moral grande, en forma de ofensa y burlas públicas, pues añade:
“Sean vueltos atrás, en pago de su afrenta hecha, Los que dicen: ¡Ah! ¡Ah!”.
A continuación, antes de repetir su petición, intercala una petición positiva a favor de los fieles creyentes, diciendo: “Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan”. Fijémonos que no dice que lo pasen bien o que sean felices, sino que se gocen en el Señor.
Seguidamente refuerza este deseo, para los que compartían su fe, diciendo: “Y digan siempre los que aman tu salvación: Engrandecido sea Dios”.
Después, el salmista vuelve a su petición del comienzo del salmo, recalcando la urgencia, porque dice: “Yo estoy afligido y menesteroso; Apresúrate a mí, oh Dios.
Ayuda mía y mi libertador eres tú; Oh Jehová, no te detengas”. Y termina el salmo repitiendo la urgencia de la ayuda divina, pues dice en sus dos últimas frases: “Oh Dios, acude a librarme, Apresúrate, oh Dios, a socorrerme”.
Este breve salmo nos deja dos lecciones muy valiosas. Primera: ante la necesidad de ser librados de los enemigos, dejemos a Dios la lucha, siempre lo hará mejor que nosotros.
Pero, hay otra lección importante: Si las cosas van bien, demos gracias a Dios y alabemos su grandeza.
Tenemos miles de audios sobre fe, esperanza, oración y vida cristiana esperándote.
Consulta la Fonoteca en Telegram: todas las emisiones desde enero de 2026, hora por hora.