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Salmo 72 – Compasivo y fructífero (374)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. Solo nos queda un día, para terminar la reflexión en el salmo setenta y dos, que nos está acompañando, estos días, en este viaje que hemos emprendido desde el salmo primero, y que esperamos, con la ayuda de Dios, terminar en el salmo ciento cincuenta.

Este salmo lo estamos leyendo y comentando, poniendo nuestra Mirada sobre cuatro versículos cada día.

Probablemente, se trata de un salmo escrito por David para su hijo Salomón al inicio de su reinado.

Bastantes cosas se cumplieron en el reino de Salomón, pero otras muchas, no encajan en ningún reino humano, y solamente podrán tener cumplimiento en el reino glorioso y perfecto del Mesías Jesucristo.

Vamos a leer, para después comentarlos, los cuatro versículos que corresponden para el día de hoy. Los versículos trece al dieciséis del salmo setenta y dos dicen así:

“Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, Y salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, Y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos. Vivirá, y se le dará del oro de Sabá, Y se orará por él continuamente; Todo el día se le bendecirá. Será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes; Su fruto hará ruido como el Líbano, Y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra”.

En estos versículos que hemos leído sobresalen dos consecuencias del reinado glorioso, en primer lugar, la compasión con los desfavorecidos, y, en segundo lugar, la gran prosperidad del reino, y precisamente en ese orden.

Como ya vimos en días anteriores, el cuidado de los necesitados, era una prioridad en el reino. Las dos primeras frases los describen, pues dicen:

“Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, Y salvará la vida de los pobres”. Es decir, le duelen los desheredados, y los rescata de su situación. Pero, las dos frases que siguen, aclaran un poco más la situación, ya que retratan los abusos que habitualmente sufren los pobres, y como reacciona ante ello el nuevo rey, fijémonos bien, pues dice:

“De engaño y de violencia redimirá sus almas, Y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos”.

Seguidamente tenemos una breve referencia a la riqueza del rey, pues dice:

“Vivirá, y se le dará del oro de Sabá”. Como era natural, el pueblo, da gracias a Dios y habla bien de ese magnífico rey, pues añade el salmo: “Y se orará por él continuamente; Todo el día se le bendecirá”.

A continuación se destaca, en pocas pero muy gráficas expresiones, la prosperidad en todo el reino, tanto en el medio rural, como en el medio urbano, pues, en primer lugar, referido al medio rural, dice: “Será echado un puñado de grano en la tierra, en las cumbres de los montes; Su fruto hará ruido como el Líbano”.

Y, en segundo lugar, se refiere a la prosperidad de los que vivían en las ciudades, diciendo: “Y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra”.

Oremos por nuestros gobernantes para que se aproximen, todo lo que sea posible, a esta forma de gobernar, y seamos nosotros justos con todos y pacíficos, anticipando la implantación del reino de Dios con nuestra vida.

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