Espacio presentado por Daniel Valuja.
Bienvenidos a Miradas. Sin hacer paradas intermedias, estamos recorriendo los salmos, y ya hemos llegado, hoy mismo, al salmo setenta y dos.
En el título de este salmo pone “para Salomón” y, al final del salmo dice:
“Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí”, por lo cual, entendemos que se trata de un salmo escrito por David, y dedicado a Salomón, su hijo y sucesor en el trono. En cualquier caso, las descripciones del reinado apuntan más al Mesías, llamado en la Biblia Hijo de David, porque ningún monarca alcanzó tal grado de grandeza, gloria y perfección.
El salmo es lo suficientemente extenso para que leamos, y comentemos, cada día, solamente unos pocos versículos hasta completarlo, así que comenzamos. Los versículos uno al cuatro, del salmo setenta y dos dicen así:
“Oh Dios, da tus juicios al rey, Y tu justicia al hijo del rey. El juzgará a tu pueblo con justicia, Y a tus afligidos con juicio. Los montes llevarán paz al pueblo, Y los collados justicia. Juzgará a los afligidos del pueblo, Salvará a los hijos del menesteroso, Y aplastará al opresor”. Con lo leído en mente, vamos a examinarlo poco a poco.
Estos primeros versículos comienzan con una breve petición y después comienza una descripción del rey y su reinado que ocupa el resto del salmo.
La petición está en las dos primeras frases, en las cuales el salmista pide para el rey la sabiduría de Dios para juzgar, pues dice:
“Oh Dios, da tus juicios al rey, Y tu justicia al hijo del rey”. Pero, seguidamente, ya comienza una descripción grandiosa del rey su reinado, que se inicia con la aplicación de la verdadera justicia, especialmente para con los necesitados, pues dice:
“El juzgará a tu pueblo con justicia, Y a tus afligidos con juicio”.
Las frases siguientes parecen referirse a que, en tiempos de paz, los montes o cualquier elevación de terreno, se dedicaba a producir, ya fuese pasto para los ganados o cosechas para el alimento de las personas. En tiempos de guerra, era vital controlar las alturas, para dominar sobre los valles y ciudades, pues dice el salmo: “Los montes llevarán paz al pueblo, Y los collados justicia”.
La frase siguiente se refiere a la correcta aplicación de la justicia, para tener en cuenta las causas de los desfavorecidos, mencionados ocho veces en el salmo, pues los ricos y poderosos siempre consiguen más fácilmente ser atendidos por la administración, ya que dice: “Juzgará a los afligidos del pueblo”.
E insiste en el tema para incluir a toda la familia de los pobres, diciendo: “Salvará a los hijos del menesteroso”. Y, es que estos versículos, se redondea el especial cuidado de ser justo con los necesitados, que no tienen poder, advirtiendo que la verdadera justicia castiga al que abusa de los pobres, sin tener en cuenta su poder e influencias, pues añade: “Y aplastará al opresor”.
Y es que, la verdadera justicia no tiene en cuenta quien son las personas, sino su conducta ante la ley, y se aplica por igual al poderoso que al indigente.
Es muy fácil aplaudir a esta declaración pero arrugarse ante los grandes de este mundo. Seamos justos.
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