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Salmo 73 – Bienestar provocador (376)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. En nuestro continuado paseo por el libro de los salmos, hemos llegado al salmo setenta y tres, un salmo muy singular, porque relata la confesión franca de un creyente que ha estado a punto de caer de su confianza en Dios, arrastrado por las dudas, al mirar en su alrededor con los ojos de un ser humano cualquiera.

Porque vio como los impíos prosperaban y les iba bien a pesar de su maldad.

El salmo se debe a un director del coro del templo, llamado Asaf. Iremos viendo unos cuantos versículos cada día, comenzando por los nueve primeros que dicen así:

“Ciertamente es bueno Dios para con Israel, Para con los limpios de corazón. En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos. Porque no tienen congojas por su muerte, Pues su vigor está entero. No pasan trabajos como los otros mortales, Ni son azotados como los demás hombres. Por tanto, la soberbia los corona; Se cubren de vestido de violencia. Los ojos se les saltan de gordura; Logran con creces los antojos del corazón. Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia; Hablan con altanería. Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra”.

Después de leer estos versículos vamos a examinarlos poco a poco.

La primera afirmación del salmista, es, en realidad, la conclusión final de todo el salmo, pues dice así:

“Ciertamente es bueno Dios para con Israel, Para con los limpios de corazón”. Pero, antes de llegar a esta conclusión, el salmista desgrana sus dudas, pues comienza diciendo: “En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos”. Tras esta confesión, añade otra más, pues dice:

“Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos”. Y, seguidamente, nos explica la razón de estos sentimientos, pues añade: “Porque no tienen congojas por su muerte, Pues su vigor está entero”. Vamos que hacen mal, y les va bien.

Este es el centro del argumento, que desarrolla con detalle, diciendo a continuación: “No pasan trabajos como los otros mortales, Ni son azotados como los demás hombres”. Y, claro, como les va tan bien, a pesar de sus maldades, están orgullosos de ser así, y siguen adelante, sin cambiar de rumbo, pues añade:

“Por tanto, la soberbia los corona; Se cubren de vestido de violencia. Los ojos se les saltan de gordura”. Pero, aun hay más, porque no solo llevan a cabo todas las maldades que se proponen, sino que, además, presumen de ello, pues añade el salmista:

“Logran con creces los antojos del corazón. Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia”.

Pero, todavía hay más, pues hablan con prepotencia contra Dios y contra los hombres, confiados en la impunidad de sus conductas malvadas, pues dicen las últimas frases de estos primeros nueve versículos del salmo setenta y tres:

“Hablan con altanería. Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra”.

Este inicio del salmo plantea un problema real e inquietante en el día de hoy:

¿Por qué llevan tan buena vida, y son tan bien vistos, los que viven planeando y haciendo maldades?

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