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Salmo 73 – Terrible verdad (378)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. Nuestro continuado recorrido por el libro de los salmos ha llegado hasta el salmo setenta y tres, escrito por un director del coro del templo, llamado Asaf.

Este salmo presenta un cuadro muy interesante de emociones encontradas.

El salmista está impresionado porque a su alrededor ve como los elementos más indignos de la sociedad, a pesar de que su comportamiento malvado es notorio, tienen éxito, se enriquecen, y exhiben su orgullo prepotente alrededor, burlándose, incluso de Dios, impunemente.

Después de estar a punto de sumarse a ellos, en vista de los resultados, descubre, en la presencia de Dios, la realidad del destino que les espera.

Ese es el tema de los versículos diecisiete al veinte de este salmo setenta y tres, que hoy meditaremos, y que dicen así:

«Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores. Como sueño del que despierta, Así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia”.

Después de leer estos versículos, que son un auténtico descubrimiento, vamos a ir comentándolos, frase a frase, para extraer todo su contenido.

Tras sus dudas, el salmista acude a la presencia de Dios, no dice si en el templo, o en un tiempo de adoración y meditación privada, y descubre la realidad completa de la vida de los malvados que tienen éxito en este mundo, porque comprende lo que les espera cuando comparezcan ante el justo trono de Dios.

El salmista relata este descubrimiento con estas palabras: “Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos”.

Sigue añadiendo detalles del fin que les espera, comparándolo con un terrible tobogán por el cual están resbalando hacia el desastre, pues dice:

“Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer”. Continúa describiendo el definitivo y repentino fracaso, y espanto, de los que parecen ser grandes triunfadores, que saben vivir, diciendo: “¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores”.

Seguidamente, compara la respuesta del Señor con la reacción del más fuerte que está esperando el momento oportuno para caer sobre ellos con todo su poder, o, tal vez, esperando una reacción de arrepentimiento, de tal forma que son como una leve pluma ante un violento temporal, pues dice: “Como sueño del que despierta, así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia”.

Estos versículos del salmo setenta y tres, que hemos tenido delante hoy, nos recuerdan algo muy importante. La única valoración acertada de la conducta y de sus consecuencias es de Dios, por medio de su Palabra.

Nuestro criterio, por si solo, al estar muy influido por la mentalidad de este mundo, no será fiable. Solamente en la presencia de Dios, meditando en su Palabra, podemos obtener una valoración correcta.

Porque las cosas no son como parecen y el engaño diabólico consiste en hacer atractivo el pecado que lleva a la perdición, estemos atentos para no morder su anzuelo.

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