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Salmo 74 – Estamos arrasados (382)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Bienvenidos a Miradas. Estamos comenzando a recorrer el salmo setenta y cuatro; un salmo triste, muy triste, porque la primera mitad del salmo es un doloroso lamento a causa de una gran catástrofe nacional que hace pensar al salmista, y así lo manifiesta en su oración, que habían sido abandonados por Dios.

El lenguaje empleado nos hace pensar en la destrucción de Jerusalén y del templo por los babilonios en el siglo sexto antes de Cristo.

Este salmo setenta y cuatro fue escrito por un miembro de la familia de Asaf, que estaban al servicio del templo como cantores desde los tiempos del rey David.

Después de lamentar la destrucción y de recordar las maravillas que Dios había obrado entre su pueblo en la antigüedad, el salmista pide con intensidad que Dios se vuelva a los suyos para salvarles.

Hoy leeremos, antes de comentarlos, los versículos cuatro al ocho de este salmo setenta y cuatro, que dicen así:

“Tus enemigos vociferan en medio de tus asambleas; Han puesto sus divisas por señales. Se parecen a los que levantan El hacha en medio de tupido bosque. Y ahora con hachas y martillos Han quebrado todas sus entalladuras. Han puesto a fuego tu santuario, Han profanado el tabernáculo de tu nombre, echándolo a tierra. Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez; Han quemado todas las sinagogas de Dios en la tierra”.

Ahora, tras leer los versículos cuatro al ocho, de este salmo setenta y cuatro, vamos a examinarlos despacio.

Estos versículos, son parte del lamento del salmista por la terrible destrucción de Jerusalén y del templo, detallando los efectos de la misma. El pueblo caldeo al destruir el santuario de Israel, conseguía dos objetivos, por una parte demostrar, eso creían ellos, que sus dioses eran más potentes que los de Israel, y, por otra parte, desmoralizar definitivamente a los vencidos.

Comienza mencionando la prepotencia de los enemigos en medio de los derrotados, pues dice: “Tus enemigos vociferan en medio de tus asambleas”.

Y, seguidamente, añade una referencia típica al uso de los símbolos militares en el territorio conquistado, pues dice: “Han puesto sus divisas por señales”.

A continuación alude a su capacidad destructiva con una ilustración muy gráfica, pues dice:

“Se parecen a los que levantan El hacha en medio de tupido bosque”. Y, seguidamente, describe como se ensañaron con el santuario, refiriéndose a las maderas trabajadas delicadamente con tallas hermosas, pues dice: “Y ahora con hachas y martillos Han quebrado todas sus entalladuras”.

Como era habitual, terminaron su trabajo incendiando lo que quedaba del templo en el cual había muchos materiales fácilmente combustibles, pues añade: “Han puesto a fuego tu santuario”.

La furia destructiva de los enemigos es recordada con estas dos frases: “Han profanado el tabernáculo de tu nombre, echándolo a tierra. Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez”. Y aun añade que fueron arrasados todos los lugares de reunión diciendo:

“Han quemado todas las sinagogas de Dios en la tierra”.

Solo podemos decir: ¡Qué terribles son las consecuencias del pecado!

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