Espacio presentado por Daniel Valuja.
Continuamos todavía, recorriendo el salmo setenta y ocho y aun nos quedan algunos programas más, porque es el segundo salmo más extenso.
Este salmo forma parte de la colección del levita y músico Asaf.
El tema del salmo es recordar a Israel como había sido su pasado, durante los casi cinco siglos anteriores, desde la salida de Egipto hasta el reinado de David, y la gran lección, es que, si todavía son algo, fue por la gracia y misericordia de Dios, porque, fueron rebeldes y desobedientes, con insistencia, sin aprender de los castigos que Dios les enviaba para volverlos al camino.
El salmo está ahí para que reflexionemos en nuestra propia vida y enderecemos el rumbo.
Leeremos unos cuantos versículos y comentaremos dos de ellos.
Los versículos cuarenta y cuatro al cincuenta y tres, del salmo setenta y ocho, dicen así:
“Y volvió sus ríos en sangre, Y sus corrientes, para que no bebiesen. Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban, Y ranas que los destruían. Dio también a la oruga sus frutos, Y sus labores a la langosta. Sus viñas destruyó con granizo, Y sus higuerales con escarcha; Entregó al pedrisco sus bestias, Y sus ganados a los rayos. Envió sobre ellos el ardor de su ira; Enojo, indignación y angustia, Un ejército de ángeles destructores. Dispuso camino a su furor; No eximió la vida de ellos de la muerte, Sino que entregó su vida a la mortandad. Hizo morir a todo primogénito en Egipto, Las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam. Hizo salir a su pueblo como ovejas, Y los llevó por el desierto como un rebaño. Los guio con seguridad, de modo que no tuvieran temor; Y el mar cubrió a sus enemigos”.
Con estos diez versículos del salmo setenta y ocho en mente, vamos a leer de nuevo los versículos cuarenta y cuatro y cuarenta y cinco, que nos sitúan ante la primera advertencia sería a Egipto, para comentarlos.
Estos versículos dicen así: “Y volvió sus ríos en sangre, Y sus corrientes, para que no bebiesen. Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban, Y ranas que los destruían”.
Las llamadas plagas de Egipto, fueron una serie de diez castigos sucesivos, cada vez más duros, que tenían dos propósitos: Castigar la dureza de la esclavitud de los descendientes, de José, el hijo de Jacob, que fue el salvador nacional de Egipto, y, también doblegar la soberbia del faraón y obligarle a dejar salir de Egipto al pueblo de Dios.
Hoy consideramos en estos versículos las cuatro primeras plagas que afectaron a las personas como una serie de avisos de parte de Dios.
La primera parte fue enrojecer el para ellos sagrado Nilo y sus afluentes, matando toda la pesca y haciendo el agua imbebible, pues dice: “Y volvió sus ríos en sangre, Y sus corrientes, para que no bebiesen”.
Seguidamente agrupa la segunda y la tercera plagas, los piojos y las moscas, sumamente molestas, diciendo:
“Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban”. Y, por último recuerda la invasión de las ranas que resultaron insoportables, diciendo: “Y ranas que los destruían”.
En resumen: Los avisos de Dios conviene atenderlos.
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