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Salmo 78 – Duda ofensiva (405)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Nuestro diario recorrido, de lunes a viernes, por el libro de los salmos, nos ha traído hasta el salmo setenta y ocho, que es el segundo más extenso del salterio, que forma parte de la colección de Asaf, de los cantores del templo.

El salmo setenta y ocho recuerda al pueblo de Dios su historia pasada, para que comprueben sus constantes rebeldías contra Dios, a través de los siglos, a pesar de recibir de Él muestras continuas de poder y misericordia.

Como el salmo es muy extenso, vamos leyendo cada día un trozo del mismo y después comentamos uno o dos de los versículos leídos, hasta completar todo el salmo.

Hoy leeremos los versículos doce al veinte, que dice así:

“Delante de sus padres hizo maravillas En la tierra de Egipto, en el campo de Zoán. Dividió el mar y los hizo pasar; Detuvo las aguas como en un montón. Les guió de día con nube, Y toda la noche con resplandor de fuego. Hendió las peñas en el desierto, Y les dio a beber como de grandes abismos, Pues sacó de la peña corrientes, E hizo descender aguas como ríos. Pero aún volvieron a pecar contra él, Rebelándose contra el Altísimo en el desierto; Pues tentaron a Dios en su corazón, Pidiendo comida a su gusto. Y hablaron contra Dios, Diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto? He aquí ha herido la peña, y brotaron aguas, Y torrentes inundaron la tierra; ¿Podrá dar también pan? ¿Dispondrá carne para su pueblo?”

Vamos a leer de nuevo el versículo veinte para tenerlo más fresco en nuestra mente y poder comentarlo con calma.

El versículo veinte del salmo setenta y ocho dice así: “He aquí ha herido la peña, y brotaron aguas, Y torrentes inundaron la tierra; ¿Podrá dar también pan? ¿Dispondrá carne para su pueblo?”.

Si te has fijado en los versículos del salmo que hemos leído antes, te habrás dado cuenta que este versículo veinte completa una atrevida y descarada protesta del pueblo contra Dios, dudando de su cuidado y de su poder, y desafiándolo a que lo demostrase una vez más. Y lo hacen recordando una de las maravillas que Dios había hecho poco tiempo atrás, cuando de una roca en medio del desierto hizo brotar un río para que bebiesen.

Ellos lo recuerdan muy bien, pero no con gratitud, sino con burla y desafío, y, desde luego con incredulidad, como si lo anterior fuese una casualidad, pues dicen:

“He aquí ha herido la peña, y brotaron aguas, Y torrentes inundaron la tierra”. ¡Qué terrible es dudar de Dios después de haber experimentado su poder y su misericordia!

Es una grandísima ofensa contra Él. Pero, para ellos lo anterior no era suficiente, Las plagas contra Egipto, el paso del mar y la destrucción del ejército egipcio, la conducción con la columna de nube de día y de fuego de noche, el agua a raudales brotando de una roca seca, no eran suficiente y dicen:

“¿Podrá dar también pan?”. En vez de dar gracias, piden más, y aun añaden:

“¿Dispondrá carne para su pueblo?”. Habían sido milagrosamente librados de una esclavitud de siglos y aun protestan. Conviene que nos preguntemos:

¿Nos parecemos a ellos? ¿Somos ingratos para con Dios? ¿Dudamos de Él?

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