Espacio presentado por Daniel Valuja.
Nuestro diario recorrido por el libro de los salmos, nos ha traído hasta el salmo setenta y ocho.
Este salmo, forma parte de la colección de salmos de Asaf, uno de los cantores del templo, y es un llamamiento a recuperar la memoria nacional de la relación con Dios; pues les recuerda el poder y la misericordia de Dios, y la ingratitud y rebeldía con la que el pueblo correspondió una y otra vez.
El salmo es bastante extenso, por eso leemos cada día unos cuantos versículos y comentamos parte de ellos.
Hoy leeremos los versículos uno al once y comentaremos los versículos siete y ocho.
Los versículos uno al once, del salmo setenta y ocho, dicen así:
“Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. Abriré mi boca en proverbios; Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, Las cuales hemos oído y entendido; Que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, Y su potencia, y las maravillas que hizo. El estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres Que la notificasen a sus hijos; Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos, Y no sean como sus padres, Generación contumaz y rebelde; Generación que no dispuso su corazón, Ni fue fiel para con Dios su espíritu. Los hijos de Efraín, arqueros armados, Volvieron las espaldas en el día de la batalla. No guardaron el pacto de Dios, Ni quisieron andar en su ley; Sino que se olvidaron de sus obras, Y de sus maravillas que les había mostrado”.
Ahora, después de leer los primeros once versículos, vamos a leer los dos que serán objeto de nuestra Mirada de hoy.
Los versículos siete y ocho del salmo setenta y ocho, que explican el propósito que tiene recalcar tanto la necesidad de transmitir la palabra de Dios, pues dicen así:
“A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos, Y no sean como sus padres, Generación contumaz y rebelde; Generación que no dispuso su corazón, Ni fue fiel para con Dios su espíritu”.
El mensaje es muy claro, diáfano, y lo dice en las dos primeras frases, con estas palabras:
“A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios”.
Y es que la confianza en Dios se basa en sus hechos como nos confirma su palabra. No se trata de una fe ciega sino basada en hechos.
Esta confianza se expresa en obediencia, como dice a continuación con estas palabras: “Que guarden sus mandamientos”.
Y ahora viene lo triste, la advertencia tiene un motivo añadido: la desobediencia de generaciones anteriores, pues dice: “Y no sean como sus padres, Generación contumaz y rebelde”. Y añade:
“Generación que no dispuso su corazón, Ni fue fiel para con Dios su espíritu”.
¡Qué triste, en vez de una generación a imitar, una generación a no imitar! Seamos una generación imitable.
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