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Salmo 78 – Rebeldía reiterada (414)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Versículo a versículo, y salmo a salmo, con la ayuda de Dios, hemos llegado hasta el salmo setenta y ocho, en nuestro recorrido de meditaciones breves.

Este salmo forma parte de la colección de los doce de Asaf, nombre de un levita director de la música del templo en tiempos de David, y de su familia, que conservó tanto el nombre como la tarea musical, por lo menos, hasta el regreso del exilio.

Este salmo es un repaso a la historia del pueblo de Dios, con sus luces y sus sombras, poniendo el acento, sobre todo, en su ingratitud y desobediencia.

Como contraste, el salmo proclama la gran misericordia de Dios con ellos, a pesar de sus rebeldías.

Los castigaba con dureza, pero, a la vez, conservaba con vida parte de ellos y les ayudaba a seguir adelante.

Cada día leemos unos cuantos versículos para situarnos en el contexto, y comentamos dos o tres en detalle. Vamos, pues, a leer los versículos treinta y cuatro al cuarenta y tres, del salmo setenta y ocho, que dicen así:

“Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios; Entonces se volvían solícitos en busca suya, Y se acordaban de que Dios era su refugio, Y el Dios Altísimo su redentor. Pero le lisonjeaban con su boca, Y con su lengua le mentían; Pues sus corazones no eran rectos con él, Ni estuvieron firmes en su pacto. Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; Y apartó muchas veces su ira, Y no despertó todo su enojo. Se acordó de que eran carne, Soplo que va y no vuelve. ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, Lo enojaron en el yermo! Y volvían, y tentaban a Dios, Y provocaban al Santo de Israel. No se acordaron de su mano, Del día que los redimió de la angustia; Cuando puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán”.

Y ahora, tras leer estos diez versículos del salmo setenta y ocho, vamos a leer de nuevo, y a comentar, dos de ellos, serán los versículos cuarenta y cuarenta y uno, que describen, una vez más, como se comportaba Israel con Dios, pues dicen así:

“¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, Lo enojaron en el yermo! Y volvían, y tentaban a Dios, Y provocaban al Santo de Israel”.

Estos versículos hacen memoria de las continuas rebeliones del pueblo, tras haber sido liberados de Egipto, con manifestaciones grandiosas del poder de Dios.

Estos recuerdos tienen un acento muy triste, de lamento dolorido. Comienza diciendo:

“¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto!”.

Esto es tanto como decir: ¿Cómo pudieron ser tan ingratos, después de todo lo que Dios había hecho por ellos? A pesar de depender absolutamente de Dios, en el desierto, no dejaron de rebelarse, pues añade:

“¡Lo enojaron en el yermo!”.

Era algo así como morder la mano que les daba de comer cada día, en una actitud de continua provocación, pues añade el salmo:

“Y volvían, y tentaban a Dios, Y provocaban al Santo de Israel”.

La situación era realmente incomprensible.

Había recibido tantos beneficios, sin merecerlos, que lo normal sería un agradecimiento continuo y una sumisión total.

Pero, ¿Acaso nosotros somos mejores que ellos?

Tomemos nota y no seamos como ellos.

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