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Salmo 78 – Traidores desagradecidos (422)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Estamos llegando casi al final del salmo setenta y ocho, el segundo más extenso entre los salmos, y, como hacemos cada día, leeremos unos pocos versículos del mismo que nos permitan entender algo del contexto, para, después, comentar dos de ellos.

El salmo setenta y ocho, nos ofrece el resumen de la historia del pueblo de Israel, desde que fue liberado de Egipto, hasta el comienzo del reinado de David, es decir, sus primeros cuatro siglos como nación.

Pero el salmo no es repaso de victorias, sino de caídas, de graves desobediencias e ingratitudes; porque su propósito es que el pueblo de Dios aprenda la lección.

Desobedecer a Dios trae castigo y obedecer trae bendición. Vamos a leer. Los versículos cincuenta y cuatro al sesenta y cuatro, del salmo setenta y ocho, dicen así:

“Los trajo después a las fronteras de su tierra santa, A este monte que ganó su mano derecha. Echó las naciones de delante de ellos; Con cuerdas repartió sus tierras en heredad, E hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel. Pero ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo, Y no guardaron sus testimonios; Sino que se volvieron y se rebelaron como sus padres; Se volvieron como arco engañoso. Le enojaron con sus lugares altos, Y le provocaron a celo con sus imágenes de talla. Lo oyó Dios y se enojó, Y en gran manera aborreció a Israel. Dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo, La tienda en que habitó entre los hombres, Y entregó a cautiverio su poderío, Y su gloria en mano del enemigo. Entregó también su pueblo a la espada, Y se irritó contra su heredad. El fuego devoró a sus jóvenes, Y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales. Sus sacerdotes cayeron a espada, Y sus viudas no hicieron lamentación”.

Después de leídos estos versículos del salmo setenta y ocho, que nos permiten tener delante el contexto del salmo, vamos a leer de nuevo los versículos cincuenta y seis y cincuenta y siete, que comentaremos hoy en nuestra Mirada, y que dicen así:

“Pero ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo, Y no guardaron sus testimonios; Sino que se volvieron y se rebelaron como sus padres; Se volvieron como arco engañoso”. Como ya dijimos antes, el salmo recuerda como fueron liberados y conducidos a una tierra propia, que Dios conquistó para ellos, y ahora nos cuenta la trágica reacción del pueblo. Pues comienza diciendo:

“Pero ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo”. Es decir, le provocaron a sabiendas mostrando una ingratitud muy grande, pero aun dice más, ya que añade:

“Y no guardaron sus testimonios”. Es decir, aunque tenían un código legal, muy claro y detallado, que les había sido recordado al entrar en la tierra, no hicieron caso de él. No habían aprendido nada de la experiencia del desierto donde sus padres murieron por desobedientes, pues dice:

“Sino que se volvieron y se rebelaron como sus padres”.

Le fallaron a Dios, pues añade: “Se volvieron como arco engañoso”.

Es decir, no respondieron a lo que se esperaba de ellos.

Conviene que nos preguntemos si nosotros estamos fallando o si somos obedientes a Dios.

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