Espacio presentado por Daniel Valuja.
Hemos llegado hasta el salmo ochenta y dos, este salmo es el penúltimo de la colección de Asaf. Asaf, como ya hemos dicho otras veces, era director de la música del santuario en tiempos de David, y su familia conservó la tarea de la música sagrada durante, por lo menos, cinco siglos.
Este salmo es una apasionada protesta contra la corrupción de la justicia y reclama la intervención de Dios para acabar definitivamente con las injusticias de los hombres.
Como el salmo es breve, lo leeremos completo cada día y después comentaremos uno o dos versículos.
El salmo ochenta y dos dice así: “Dios está en la reunión de los dioses; En medio de los dioses juzga. ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, Y aceptaréis las personas de los impíos? Defended al débil y al huérfano; Haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; Libradlo de mano de los impíos. No saben, no entienden, Andan en tinieblas; Tiemblan todos los cimientos de la tierra. Yo dije: Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo; Pero como hombres moriréis, Y como cualquiera de los príncipes caeréis. Levántate, oh Dios, juzga la tierra; Porque tú heredarás todas las naciones”.
Después de leer este salmo ochenta y dos, vamos a fijar nuestra Mirada en los versículos uno y dos del mismo, que advierten de parte de Dios a los jueces corruptos, pues dicen así:
“Dios está en la reunión de los dioses; En medio de los dioses juzga. ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, Y aceptaréis las personas de los impíos?”. Seguramente, lo primero que nos llama la atención es lo de Dios, con mayúscula, y dioses, con minúscula. Como hemos leído el salmo entero, ya tendremos claro que dioses, con minúscula, se refiere a los que ejercen tareas de gobierno en este mundo.
Vamos a examinar estos dos primeros versículos. La primera frase dice: “Dios está en la reunión de los dioses”.
Es decir, las decisiones de los poderosos de este mundo son perfectamente conocidas por Dios. Por lo tanto, es un aviso para ellos.
La siguiente frase es aun más directa, pues dice: “En medio de los dioses juzga”.
Es decir, el supremo Juez del universo, el Dios santísimo, no solo conoce las decisiones de los que gobiernan, sino que, además, las valora como Juez supremo que es. Por lo tanto, deben tomar sus decisiones teniendo a Dios en cuenta. Porque, a continuación, Dios denuncia la corrupción de los gobernantes de este mundo, y les exige que sean justos, ya que les dice: “¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente?”.
Dejad ya de hacer injusticias. Pero aun les dice algo más claro y preocupante, algo que parece arrancado de cualquier denuncia social de este tiempo, en cualquier país, pues, después de decirles: “¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente?, les dice: “¿Y aceptaréis las personas de los impíos?”
Es decir, deis un trato de favor a los malvados. Llegados hasta aquí, debemos preguntarnos:
¿Nuestras decisiones son justas?
¿Nos damos cuenta que nuestra vida está delante de Dios?
¿Disculpamos a los malvados porque son poderosos? T
engamos cuidado. Es más fácil acusar que reconocer.
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