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Salmo 86 – Respuesta segura (465)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Nuestro programa de meditaciones en los salmos nos ha traído hasta el salmo ochenta y seis y nuestro programa cuatrocientos sesenta y cinco.

Este salmo se lo debemos a David, que, como hemos comentado varias veces, fue autor de la mayoría de los salmos, en los cuales nos deja reflexiones riquísimas acerca de su relación personal con Dios.

Algunos autores opinan que varios de los salmos que no incluyen el nombre de su autor, por su estilo, podrían pertenecer también a David, el dulce cantor de Israel.

Este salmo es, como muchos otros, una oración que surge en un momento de angustia y destaca la misericordia de Dios con su siervo.

La primera parte del salmo, en los versículos uno al siete, que leeremos a continuación, recoge lo esencial de la petición, después, los versículos ocho al trece, ensalzan la grandeza de Dios, y, del catorce al diecisiete describe el origen de su angustia y amplía su petición.

Vamos a leer los primeros siete versículos de este salmo ochenta y seis, que dicen así:

“Inclina, oh Jehová, tu oído, y escúchame, Porque estoy afligido y menesteroso. Guarda mi alma, porque soy piadoso; Salva tú, oh Dios mío, a tu siervo que en ti confía. Ten misericordia de mí, oh Jehová; Porque a ti clamo todo el día. Alegra el alma de tu siervo, Porque a ti, oh Señor, levanto mi alma. Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan. Escucha, oh Jehová, mi oración, Y está atento a la voz de mis ruegos. En el día de mi angustia te llamaré, Porque tú me respondes”.

Ahora tras leer estos siete primeros versículos del salmo ochenta y seis, que nos proporcionan el contexto suficiente para comentar el versículo siete, el cual, como te dijimos antes, es el último de la primera parte de la oración del salmista, vamos, pues, a leer de nuevo este versículo, con el cual termina la primera parte de la petición, y que dice así:

“En el día de mi angustia te llamaré, Porque tú me respondes”.

Es evidente que estas dos frases apuntan al futuro, a otra posible situación de necesidad, y nos dejan un mensaje muy consolador.

En primer lugar, dejan muy claro, que el salmista, un fiel siervo de Dios, vivía en un mundo lleno de maldades y peligros y estaba expuesto a ellos como los demás.

Pero, tenía a su disposición un recurso de ayuda que era insuperable, la de Dios.

La primera frase de este versículo anticipa la seguridad de necesidades futuras del salmista, de nuevas aflicciones, y, a la vez, de la confianza en volver a recurrir a su ayudador celestial, pues dice:

“En el día de mi angustia te llamaré”.

Esto es mucho mejor y más seguro que llamar al teléfono de emergencias, y revela una magnífica confianza y familiaridad con Dios. Pero, la siguiente frase es aun más preciosa, pues nos habla de la experiencia del salmista con Dios en situaciones anteriores de necesidad, ya que dice confiadamente, con seguridad.

“Porque tú me respondes”.

Y es que Dios, el Dios único, eterno y todopoderoso, es también el Dios personal de los que creen en Él y le sirven.

Haz la prueba.

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