Espacio presentado por Daniel Valuja.
Estamos comenzando nuestro recorrido por un salmo especial, que pertenece a la colección de salmos dedicados a los hijos de Coré.
Este salmo lo escribe un compañero de tareas en el servicio musical del templo, llamado Hemán.
Pero, lo peculiar del salmo, no es que sea dedicado por un colega.
Lo que hace a este salmo muy especial es su contenido, porque no hay otro salmo como este en todo el libro de los salmos.
Es un salmo lleno de dolor, de queja, de oscuridad, de no ver la salida a una situación muy dolorosa que se hacía interminable.
Quien esté pasando por una situación similar comprenderá muy bien este salmo.
Pero, el salmista, en medio de su interminable dolor, nunca, ningún día, deja de orar a Dios pidiendo ayuda.
Es realmente ejemplar su actitud. Vamos a leer los primeros nueve versículos del salmo, para situarnos en su contexto, y después comentaremos dos de ellos.
Los primeros nueve versículos, del salmo ochenta y ocho, dicen así:
“Oh Jehová, Dios de mi salvación, Día y noche clamo delante de ti. Llegue mi oración a tu presencia; Inclina tu oído a mi clamor. Porque mi alma está hastiada de males, Y mi vida cercana al Seol. Soy contado entre los que descienden al sepulcro; Soy como hombre sin fuerza, Abandonado entre los muertos, Como los pasados a espada que yacen en el sepulcro, De quienes no te acuerdas ya, Y que fueron arrebatados de tu mano. Me has puesto en el hoyo profundo, En tinieblas, en lugares profundos. Sobre mí reposa tu ira, Y me has afligido con todas tus ondas. Has alejado de mí mis conocidos; Me has puesto por abominación a ellos; Encerrado estoy, y no puedo salir. Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción; Te he llamado, oh Jehová, cada día; He extendido a ti mis manos”.
Ahora, después de leer los primeros versículos del salmo ochenta y ocho, vamos a leer de nuevo y comentar, los versículos tres y la primera parte del cuatro, que dicen así:
“Porque mi alma está hastiada de males, Y mi vida cercana al Seol. Soy contado entre los que descienden al sepulcro”;
Vamos a verlos despacio, frase a frase, para exprimir bien su contenido. Recordemos que se trata de las razones del salmista para clamar a Dios por ayuda. Así pues, comienza diciendo:
“Porque mi alma está hastiada de males”, o sea, ya no puedo más, mi capacidad de soportar está completa. ¿Quién, en algún momento, no ha dicho algo parecido? Pero, el caso del salmista parece gravísimo, pues, seguidamente, añade: “Y mi vida cercana al Seol”.
Esto quiere decir, que está ya a punto de morir, de formas real, a causa de sus males. Pero este estado no es solamente su opinión, que puede estar condicionada por su sufrimiento, sino que, los que viven a su alrededor ya le dan por muerto del todo.
Pues, añade: “Soy contado entre los que descienden al sepulcro”.
La situación que presenta este angustioso ruego es realmente desesperada.
Pero, el salmista ora, está desesperado, pero sigue orando, está a punto de morir, pero continúa suplicando a Dios. Ejemplar.
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