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Salmo 89 – No tardes (494)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Aunque estamos finalizando nuestro recorrido por el salmo ochenta y nueve, todavía quedan unos cuentos versículos muy importantes, que nos ocuparán durante este programa y el siguiente.

El salmo ochenta y nueve, que fue escrito por uno de los cantores del templo, no sabemos en que momento histórico, aunque es posible que fuese un tiempo de inexplicables derrotas a manos de sus enemigos, aunque no es seguro que fuese durante el tiempo de David, sino después.

Porque el salmo alaba a Dios por el pacto de Dios con David, recordando sus aspectos principales, y después se queja del abandono, por parte de Dios, como si faltase al cumplimiento de dicho pacto.

Termina el salmo con una petición de ayuda. Dada la extensión del salmo es imposible leer una parte del mismo que nos ayude a tener perspectiva del conjunto, por eso hemos decidido ir leyendo y comentando algunos versículos cada día.

Los versículos cuarenta y seis al cuarenta y ocho, del salmo ochenta y nueve, en los cuales termina la queja del salmista, dicen así:

“¿Hasta cuándo, oh Yahweh? ¿Te esconderás para siempre? ¿Arderá tu ira como el fuego? Recuerda cuán breve es mi tiempo; ¿Por qué habrás creado en vano a todo hijo de hombre? ¿Qué hombre vivirá y no verá muerte? ¿Librará su vida del poder del Seol?”.

Después de leer estos tres versículos del salmo ochenta y nueve, en los cuales el salmista termina su queja lamentándose de lo que tarda Dios en terminar su castigo, que a él le parece injusto, vamos a comentarlos en detalle, frase por frase.

La primera frase de estos versículos es el lamento de cualquiera que está pasando un muy mal momento y el tiempo de sufrir la parece interminable, y si el sufrimiento se alarga mucho, ya es terrible y es en ese momento que surge la queja del salmista, que dirigiéndose a Dios, le dice:

“¿Hasta cuándo, oh Yahweh?”.

Y como la larga espera por liberación es muy difícil y se hace insoportable, ya se asoma algo cercano a la duda en la frase siguiente, pues dice:

“¿Te esconderás para siempre? ¿Arderá tu ira como el fuego?”.

A partir de aquí, el salmista razona con Dios en su súplica, y recurre a la debilidad humana, a la brevedad de la vida, que le parece va a pasar sin que vea solución a su dolor, por dice al Señor:

“Recuerda cuán breve es mi tiempo”. Como diciéndole, Tú eres eterno, el tiempo para ti no cuenta, pero mi existencia es muy breve y va a terminar sin ver mi liberación de este castigo, pues le dice:

“Recuerda cuán breve es mi tiempo”.

En la siguiente frase presenta un argumento muy interesante, que hace pensar, porque plantea que si la derrota acompaña las vidas de los protegidos de Dios, no le habrá valido a Dios la pena crearlos, para exhibirlos como un fracaso.

El salmista lo dice claramente con estas palabras:

“¿Por qué habrás creado en vano a todo hijo de hombre?”.

E insiste en su argumento diciendo:

“¿Qué hombre vivirá y no verá muerte? ¿Librará su vida del poder del Seol?”.

Cuando los problemas se ven desde fuera es una cosa, pero cuando se ven desde dentro, es muy distinto. Conviene tenerlo en cuenta.

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