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Salmo 89 – Nos has aplastado (493)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Continuamos recorriendo el extenso salmo ochenta y nueve, para ya estamos llegando al final de mismo, pues, sin contar el día de hoy, solamente nos quedan dos días más.

Lo hemos hecho despacio porque nuestro propósito en este programa, con la ayuda de Dios, es no dejar atrás ningún versículo de cada uno de los ciento cincuenta salmos.

Los versículos treinta y ocho al cuarenta y cinco del salmo ochenta y nueve, en los cuales el salmista se queja diciendo que Dios ha roto el pacto, y que hoy comentaremos, dicen así:

“Mas tú desechaste y menospreciaste a tu ungido, Y te has airado con él. Rompiste el pacto de tu siervo; Has profanado su corona hasta la tierra. Aportillaste todos sus vallados; Has destruido sus fortalezas. Lo saquean todos los que pasan por el camino; Es oprobio a sus vecinos. Has exaltado la diestra de sus enemigos; Has alegrado a todos sus adversarios. Embotaste asimismo el filo de su espada, Y no lo levantaste en la batalla. Hiciste cesar su gloria, Y echaste su trono por tierra. Has acortado los días de su juventud; Le has cubierto de afrenta”.

Después de leer estos ocho versículos del salmo ochenta y nueve, en los cuales el salmista se queja amargamente, diciendo que Dios ha roto el pacto que había hecho con David y su descendencia, vamos a comentarlos en detalle porque nos introducen en un momento muy difícil, cuando parece que Dios a renunciado a cumplir su pacto. Es, sin duda, una gran prueba para la fe del creyente.

El salmista inicia su queja con expresiones muy amargas, pues en las primeras tres frases dice:

“Mas tú desechaste y menospreciaste a tu ungido, Y te has airado con él. Rompiste el pacto de tu siervo”.

Y añade que esa actitud de Dios se ha manifestado en un desastre nacional, pues dice: “as profanado su corona hasta la tierra. Aportillaste todos sus vallados; Has destruido sus fortalezas”.

Han pasado de ser respetados a ser objeto de burla, pues dice: “Lo saquean todos los que pasan por el camino; Es oprobio a sus vecinos”, habían quedado debilitados y parecía que el favor de Dios era ahora para sus enemigos, pues dice:

“Has exaltado la diestra de sus enemigos; Has alegrado a todos sus adversarios”. Más aun, la ayuda de Dios en las batallas había desaparecido pues añade: “Embotaste asimismo el filo de su espada, Y no lo levantaste en la batalla”. Así que, según el salmista, lo que estaba pasando dejaba claro que Dios había dejado de ayudarles pero ayudaba a los enemigos. Aquel reino de David, admirado y temido ya era una pena.

Esto, lógicamente, produce efectos físicos terribles, como ocurre en todas las tragedias, por eso dice:

“Has acortado los días de su juventud; Le has cubierto de afrenta”.

Lo que seguramente se preguntaba el salmista, podemos hacerlo nosotros, ¿Cómo reaccionaríamos, si un inesperado desastre se abate sobre nuestra vida? ¿Dudaríamos de Dios? ¿O, como el salmista, buscaríamos angustiosamente su ayuda?

Esto es muy importante tenerlo muy claro. Las promesas de Dios no incluyen que nunca nos pase nada, sino la seguridad eterna en Él.

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