Espacio presentado por Daniel Valuja.
Seguimos recorriendo el salmo ochenta y nueve, compuesto por un músico del santuario, llamado Etán.
Este salmo reconoce la grandeza de Dios y de su pacto con David y termina con una petición de ayuda, en un momento de aflicción.
Como es bastante extenso, leeremos y comentaremos hoy cuatro versículos.
Los versículos quince al dieciocho del salmo ochenta y nueve, cantan el privilegio de ser pueblo de Dios, y dicen así:
“Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte; Andará, oh Yahweh, a la luz de tu rostro. En tu nombre se alegrará todo el día, Y en tu justicia será enaltecido. Porque tú eres la gloria de su potencia, Y por tu buena voluntad acrecentarás nuestro poder. Porque Yahweh es nuestro escudo, Y nuestro rey es el Santo de Israel”.
En la breve lectura que acabamos de hacer, de los versículos quince al dieciocho, del salmo ochenta y nueve, se nos habla del pueblo de Dios con el cual se ha comprometido en un pacto eterno.
Vamos a examinar estos versículos despacio porque contienen verdades importantes.
Vamos con la primera frase que ensalza la dicha de saber cantar a Dios, porque la alabanza a Dios debe surgir, no de la música y del ritmo, sino del conocimiento personal de Dios, de cada uno de miembros de ese pueblo, por eso dice esta primera frase:
“Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte”.
Y la siguiente frase confirma lo que hemos dicho, porque los que conocen a Dios de forma personal y mantienen el contacto diario con Él, por medio de su palabra y la oración, vivirán siguiendo su voluntad, pues eso dice la frase siguiente, pues dice:
“Andará, oh Yahweh, a la luz de tu rostro”.
Pero aun dice más, confesando que vivir en la presencia de Dios les produce alegría constante, vamos, como si el salmista sintonizara con una frase del apóstol Pablo a los filipenses cuando les dice:
“Regocijaos en el Señor siempre”, pues el salmo dice en la frase siguiente:
“En tu nombre se alegrará todo el día”. Pero el salmo aun dice más cosas acerca del pueblo que tiene a Dios como Señor, pues se refiere a la alegría que produce al pueblo de Dios su justicia, pues dice:
“Y en tu justicia será enaltecido”, ¿Y que dirá el pueblo de Dios en la actualidad? Porque somos justificados por la fe, es decir Dios nos reconoce como justos, si creemos en Cristo y le seguimos con fidelidad. Pero el pueblo de Dios aun tiene en Él más cosas, pues tiene en Dios su poder, todo el poder necesario, pues dice:
“Porque tú eres la gloria de su potencia, Y por tu buena voluntad acrecentarás nuestro poder”. Pero no solo tiene este pueblo privilegiado su poder en Dios, también tiene su defensa, pues añade:
“Porque Yahweh es nuestro escudo”. No hay arma inventada, ni por inventar, que traspase esa defensa. Y terminan estos versículos, dedicados a repasar los privilegios del pueblo de Dios, afirmando que Dios mismo es su rey, por encima de todo poder humano, pues dice:
“Y nuestro rey es el Santo de Israel”.
Pertenecer al pueblo de Dios es realmente un altísimo privilegio. Si perteneces al pueblo de Dios por medio de Jesucristo, dale las gracias cada día, y sírvele con fidelidad.
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