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Salmo 9 – Alabanza (46)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Salmo 9 Defensor

Versículos 1-2: Alabanza

Bienvenidos a Miradas. Iniciamos hoy nuestro acercamiento al salmo nueve, que también es de David.

El tema general del salmo es Dios como defensor.

El salmo es una oración que incluye alabanzas, dos breves peticiones y una serie de afirmaciones que ensalzan la eficaz defensa de Dios a favor de los suyos, tanto en lo personal como en lo comunitario.

Como el salmo es bastante largo, pues tiene veinte versículos, leeremos solamente la mitad para tener una visión amplia y después comentaremos los dos primeros versículos con más detalle.

La primera mitad del salmo dice así:

«Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; Contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; Cantaré a tu nombre, oh Altísimo. Mis enemigos volvieron atrás; Cayeron y perecieron delante de ti. Porque has mantenido mi derecho y mi causa; Te has sentado en el trono juzgando con justicia. Reprendiste a las naciones, destruiste al malo, Borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre. Los enemigos han perecido; han quedado desolados para siempre; Y las ciudades que derribaste, Su memoria pereció con ellas. Pero Jehová permanecerá para siempre; Ha dispuesto su trono para juicio. El juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con rectitud. Jehová será refugio del pobre, Refugio para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron».

Como ya dijimos antes, hoy concentraremos nuestra Mirada sobre los dos primeros versículos del salmo que recogen una breve pero entusiástica alabanza, pues dicen:

«Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; Contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; Cantaré a tu nombre, oh Altísimo».

Este vibrante canto de alabanza es el prólogo de las razones que vienen a continuación en el salmo, pero tiene en si misma una singular riqueza. Vamos a examinarla brevemente, porque, sin duda, es asumible por cada uno de nosotros, sea cual sea nuestra circunstancia.

El primer párrafo dice: «Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón». Este inicio nos deja una primera perla.

El salmista David no alababa a Dios como una fórmula o como una obligación. No se trataba de cumplir una parte de la liturgia del culto en su papel como cabeza del reino.

La alabanza se dirigía al único digno de ella, al Dios Todopoderoso, y, además, era sincera y total, pues surgía de todo el ser del cantor, es decir, era una alabanza sentida plenamente y se basaba en su experiencia con Dios.

David añade seguidamente la razón de su canción, pues dice:

«Contaré todas tus maravillas». Delante de Dios recuerda las múltiples razones que tiene para alabarle, ¿y quien no las tiene? David había llegado muy alto, a través de mucho sufrimiento y esfuerzo, pero no se le ocurre presumir de ello, pues dice:

«Me alegraré y me regocijaré en ti» Muy consciente de que su vida había llegado tan alto por la gracia de Dios.

David no estaba orgulloso de si mismo, pero sí lo estaba de Dios.

Por eso cierra este breve canto con el que comienza el salmo recalcando la supremacía de Dios al decir:

«Cantaré a tu nombre, oh Altísimo». ¿Qué diremos nosotros?

Todo lo que somos y tenemos viene de Él y por eso tenemos muchas razones para alabarle.

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