Espacio presentado por Daniel Valuja.
En nuestro caminar diario por el libro de los salmos hemos llegado ya al salmo noventa, que es el único salmo escrito por Moisés.
Este salmo, que es una oración, contrasta la fragilidad humana con la eternidad de Dios y pide su ayuda. Dada la extensión del salmo, lo hemos dividido en dos partes y mientras vamos comentándolo, durante unos días, leemos los versículos de una de esas partes que nos dan una perspectiva del tema.
Hoy comentaremos el versículo once, pero, antes, leeremos los versículos del nueve al diecisiete, de este salmo noventa, que dicen así:
“Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; Acabamos nuestros años como un pensamiento. Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos. ¿Quién conoce el poder de tu ira?, ¿Y tu indignación según que debes ser temido? Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría. Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos. De mañana sácianos de tu misericordia, Y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días. Alégranos conforme a los días que nos afligiste, Y los años en que vimos el mal. Aparezca en tus siervos tu obra, Y tu gloria sobre sus hijos. Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros, Y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros; Sí, la obra de nuestras manos confirma”.
Después de leer estos nueve versículos del salmo noventa, vamos a comentar en detalle el versículo once del mismo que dice así:
“¿Quién conoce el poder de tu ira, Y tu indignación según que debes ser temido?”.
Este versículo plantea un tema que suele ser muy mal entendido, a causa de una comprensión equivocada del carácter de Dios, pues suele resaltarse mucho su amor y misericordia, que es real, pero, sin equilibrar esa característica con su justicia y santidad, es más, el mal entendimiento de esto ha llevado a algunos a creer que al final todos serán perdonados, lo cual es un enorme error.
Así pues, vamos a examinar las dos frases de este versículo. La primera frase es una pregunta muy inquietante, porque estamos hablando del Dios Todopoderoso y el autor del salmo se pregunta:
“¿Quién conoce el poder de tu ira?”. El acento aquí está sobre la capacidad de castigo de Dios, justamente airado a causa de los pecados de la humanidad. Tal vez, una posible comprensión de esto es pensar en Jesucristo recibiendo el castigo que nosotros merecíamos, cuando exclama:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”.
La segunda frase del versículo pone el acento en la reverencia que debemos tener ante su santa indignación a causa de las maldades humanas.
Si viésemos el pecado con los ojos de Dios, nos espantaríamos, pero como lo vemos con nuestra permisividad nos cuesta entenderlo bien.
Esta segunda frase dice: “¿Y tu indignación según que debes ser temido?”.
Es interesante recordar que “el temor de Dios es el principio de la sabiduría”, esto supone darse cuenta de cuanto aborrece Dios el pecado. Tomemos nota.
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