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Salmo 90 – Restaura la alegría (504)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Continuamos recorriendo el salmo noventa, escrito por Moisés, y en el cual hay una reflexión detallada sobre la brevedad de la vida del hombre, a la luz de la eternidad de Dios

De esa reflexión surgen unas peticiones muy prácticas y, asumiendo la propia incapacidad y total ausencia de méritos, la petición de piedad y misericordia, porque, en realidad, el salmo es, todo él, una oración que incluye unas profunda reflexiones.

Leeremos los últimos nueve versículos, para tener una perspectiva más amplia del contenido del salmo, y, después comentaremos los versículos quince y dieciséis.

Los versículos nueve al diecisiete, del salmo noventa, dicen así:

“Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; Acabamos nuestros años como un pensamiento. Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos. ¿Quién conoce el poder de tu ira, Y tu indignación según que debes ser temido? Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría. Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos. De mañana sácianos de tu misericordia, Y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días. Alégranos conforme a los días que nos afligiste, Y los años en que vimos el mal. Aparezca en tus siervos tu obra, Y tu gloria sobre sus hijos. Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros, Y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros; Sí, la obra de nuestras manos confirma”.

Ahora, con estos nueve versículos del salmo noventa que acabamos de leer en mente, vamos a leer de nuevo los versículos quince y dieciséis, que seguidamente comentamos.

Estos dos versículos, dicen así:

“Alégranos conforme a los días que nos afligiste, Y los años en que vimos el mal. Aparezca en tus siervos tu obra, Y tu gloria sobre sus hijos”.

Ya dijimos antes que este salmo es una oración y en estos versículos nos amplían algo que antes ya se había mencionado en los dos versículos anteriores del salmo: Un sufrimiento a causa de una disciplina de parte de Dios que duró bastante tiempo, pues, continuando con lo que ya había dicho en los versículos trece y catorce, dice:

“Alégranos conforme a los días que nos afligiste, Y los años en que vimos el mal”.

Esto deja claro que ese sufrimiento fue obra de Dios, y cuando Dios lo hace, es que tiene sobradas razones, la mención de años deja claro que duró algunos años, por eso ruega el fin del sufrimiento y el regreso al gozo de las bendiciones de Dios.

La petición que sigue se refiere a la presencia de Dios manifiesta entre su pueblo de tal manera que sea muy visible, tanto para propios como para extraños, pues dice:

“Aparezca en tus siervos tu obra, Y tu gloria sobre sus hijos”.

No hay ninguna duda que Dios a los que ama castiga, pero ese castigo tiene un propósito purificador y sanador, no destructivo.

Seamos agradecidos a la disciplina de Dios, Él nos está viendo en perspectiva eterna, no solo de los pocos días que vivimos en este mundo.

Es bueno no olvidarlo.

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