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Salmo 90 – Vida breve (498)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Continuamos todavía en el salmo noventa, que es uno de los salmos favoritos de muchos amantes de la Biblia.

Este salmo fue escrito por Moisés, lo cual quiere decir que su antigüedad es de casi treinta y cinco siglos, y, sin embargo, llega a nosotros con la misma frescura que si fuese escrito en este siglo.

Eso es debido a que el inspirador del salmo fue Dios el Espíritu Santo, para el cual no hay antiguo ni moderno, todo es actual.

Para tener una buena perspectiva del salmo vamos a leer los primeros diez versículos del mismo y después comentaremos dos de ellos.

Los versículos uno al diez, del salmo noventa, dicen así:

“Señor, tú nos has sido refugio De generación en generación. Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios. Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, Y dices: Convertíos, hijos de los hombres. Porque mil años delante de tus ojos Son como el día de ayer, que pasó, Y como una de las vigilias de la noche. Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño, Como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; A la tarde es cortada, y se seca. Porque con tu furor somos consumidos, Y con tu ira somos turbados. Pusiste nuestras maldades delante de ti, Nuestros yerros a la luz de tu rostro. Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; Acabamos nuestros años como un pensamiento. Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos”.

Como ya hemos leído los diez primeros versículos del salmo noventa, ahora vamos a leer de nuevo los versículos cinco y seis, que serán el blanco de nuestra Mirada de hoy, y que dicen así:

“Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño, Como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; A la tarde es cortada, y se seca”.

El salmista, está reflexionando en la fragilidad de la vida del hombre delante de Dios, más aun, en la acción de Dios sobre la vida de cada ser humano, pues dice:

“Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño”.

Es decir, ante la eternidad de Dios, la vida humana es como un breve suspiro. Aun recurre a otro ejemplo, para referirse a la brevedad de la vida humana delante de Dios, diciendo:

“Como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; A la tarde es cortada, y se seca”.

Estas consideraciones son muy importantes, ya que suponen darse cuenta de que nuestras existencias son como un soplo delante de Dios, y si esa reflexión nos conduce a buscar a Dios de todo corazón, por medio de su santa palabra, habremos tomado la decisión más sabia de nuestra breve vida, porque Dios ha revelado que nuestra vida no se termina con la muerte, así que es vital tener resuelto el después.

Porque de nada sirve una vida vivida de espaldas a Dios, para encontrarse con Él al morir, sin haber resuelto donde estaremos después.

La única posibilidad de resolverlo es la fe en Cristo. No hay otra opción.

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