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Salmo 93 – Todopoderoso (516)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

Hoy nos encontramos con el salmo noventa y tres, un salmo anónimo que proclama, en pocas y vibrantes palabras, la grandeza de Dios.

Vamos primero a leerlo, para, después, meditar con calma en su contenido.

El salmo noventa y tres dice así: “Yahweh reina; se vistió de magnificencia; Yahweh se vistió, se ciñó de poder. Afirmó también el mundo, y no se moverá. Firme es tu trono desde entonces; Tú eres eternamente. Alzaron los ríos, oh Yahweh, Los ríos alzaron su sonido; Alzaron los ríos sus ondas. Yahweh en las alturas es más poderoso Que el estruendo de las muchas aguas, Más que las recias ondas del mar. Tus testimonios son muy firmes; La santidad conviene a tu casa, Oh Yahweh, por los siglos y para siempre”.

Ahora, después de leer este breve salmo noventa y tres, vamos a examinarlo, frase a frase, durante el corto tiempo de nuestro programa.

La primera frase exalta la soberanía y gloria de Dios, soberanía y gloria que le son propias y que ningún otro ser puede tener, pues dice esa frase:

“Yahweh reina; se vistió de magnificencia”. La segunda frase del salmo noventa y tres, complementa la primera, poniendo el acento en el supremo e incomparable poder de Dios, pues dice: “Yahweh se vistió, se ciñó de poder”.

La tercera frase del salmo nos recuerda el poder y sabiduría de Dios como creador, algo que está a la vista de todo el que lo quiera ver, pero oculto para quien no quiere contar con Dios y cierra sus ojos a las clamorosas evidencias que le proclaman, pues dice:

“Afirmó también el mundo, y no se moverá”. Y es que el universo se sostiene porque Dios lo hace, Él es la fuerza secreta, la energía viva que lo mantiene por los siglos.

Es más, el salmo dice a continuación que detrás de lo creado está el dominio inamovible del supremo creador, pues añade:

“Firme es tu trono desde entonces”. Seguidamente, el salmo recuerda un factor básico en el ser de Dios: su eternidad, sin eso toda fe y esperanza serían vanas y toda promesa suya sería vacía y sin posibilidad de cumplirse, pero dice el salmo en esta frase: “Tú eres eternamente”. A continuación hay tres frases de alabanza de la naturaleza creada por Él, en este caso de los cauces de agua que le alaban con su continuo rumor o con su bravura, pues dice el salmo:

“Alzaron los ríos, oh Yahweh, Los ríos alzaron su sonido; Alzaron los ríos sus ondas”.

Sin abandonar el agua, ahora el salmo se vuelve al poder terrible de las grandes tempestades en el océano que llevan el terror a los marineros, y deja muy claro que el supremo poder de Dios está muy por encima, pues dice:

“Yahweh en las alturas es más poderoso Que el estruendo de las muchas aguas, Más que las recias ondas del mar”.

Aun le quedan al salmo por mencionar dos características de Dios muy importantes, la primera es la absoluta fiabilidad de su palabra, palabra en la que depositamos toda la confianza los creyentes, pero el salmo nos da total tranquilidad pues dice al respecto:

“Tus testimonios son muy firmes”. La siguiente es su total y permanente separación de todo mal, pues añade:

“La santidad conviene a tu casa, Oh Yahweh, por los siglos y para siempre”.

Alabemos al Todopoderoso.

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