Espacio presentado por Daniel Valuja.
Hoy es nuestro tercer día con el salmo noventa y cuatro. Este salmo tiene dos partes muy definidas.
La primera parte trata de los que en su vida no quieren tener en cuenta a Dios y le desprecian negando su existencia, algo tan común en el mundo en que vivimos actualmente.
La segunda parte, sin embargo, trata de los que, a pesar de sus limitaciones, tienen en cuenta a Dios y procuran agradarle con sinceridad, tanto si las cosas marchan bien, como si están rodeados de injusticias, y que aceptan de buen grado las reprensiones de Dios en su palabra.
Cada día leemos unos cuantos versículos y, seguidamente, los comentamos sin prisa.
Hoy tendremos delante los versículos dieciséis al diecinueve de este salmo noventa y cuatro que dicen así:
“¿Quién se levantará por mí contra los malignos? ¿Quién estará por mí contra los que hacen iniquidad? Si no me ayudara Yahweh, Pronto moraría mi alma en el silencio. Cuando yo decía: Mi pie resbala, Tu misericordia, oh Yahweh, me sustentaba. En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma”.
Estos versículos que hemos leído, comienzan con una doble pregunta, y en esta doble pregunta percibimos que el autor del salmo está peleando las batallas de Dios contra la maldad de este mundo y contra sus representantes, pero, además, notamos que sus malvados enemigos, también son enemigos de Dios.
Y nos damos cuenta que se siente solo, humanamente, luchando contra la maldad que le rodea, y que nadie se identifica con su causa, que, a la vez, es la causa de Dios, pues dice:
“¿Quién se levantará por mí contra los malignos? ¿Quién estará por mí contra los que hacen iniquidad?”.
Pero, el salmista no está solo, Dios, el Dios eterno y Todopoderoso, le ayuda, y cuando está a punto de caer, y de morir, Dios viene en su ayuda, pues las dos frases siguientes dicen así:
“Si no me ayudara Yahweh, Pronto moraría mi alma en el silencio”.
Las dos frases siguientes son muy entrañables, pues, el salmista reconoce su debilidad y la ayuda cariñosa de Dios para darle fuerzas cuando las necesita, porque Dios está atento a sus pasos y no permite que tenga caídas graves.
Estas dos frases dicen así: “Cuando yo decía: Mi pie resbala, Tu misericordia, oh Yahweh, me sustentaba”.
Esto suena como si el salmista dijese: Voy a caerme, no puedo resistir, no tengo fuerza suficiente, pero, antes de caerse, se da cuenta que Dios cariñosamente le sostiene. Preciosa experiencia.
La frase siguiente descubre lo que podríamos decir cualquiera acerca de como a veces nuestra mente parece un campo de batalla entre pensamientos diversos, sobre todo cuando son temores y lamentaciones por nuestros fracasos o penas diversas, pensamientos que no nos dejan en paz. Pues el salmista dice:
“En la multitud de mis pensamientos dentro de mí”.
Y en la última frase que meditaremos hoy deja claro que la tristeza predominaba en sus pensamientos, pues la última frase que hemos leído dice: “Tus consolaciones alegraban mi alma”.
La meditación en la palabra de Dios traía el consuelo y la alegría a su alma dolorida.
¡Bendito Dios que consuela al triste!
Tenemos miles de audios sobre fe, esperanza, oración y vida cristiana esperándote.
Consulta la Fonoteca en Telegram: todas las emisiones desde enero de 2026, hora por hora.