Espacio presentado por Daniel Valuja.
Iniciamos hoy nuestro encuentro con el salmo noventa y cuatro. Lo estaremos meditando durante cuatro días.
El salmo trata de la necedad y la sabiduría y estas consisten en no tomar o tomar a Dios en serio. Cada día leeremos y comentaremos parte del mismo.
Hoy tendremos delante los once primeros versículos, que tratan de la necedad, porque, aunque es una porción algo extensa, no queremos romper su unidad temática.
“Yahweh, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, muéstrate. Engrandécete, oh Juez de la tierra; Da el pago a los soberbios. ¿Hasta cuándo los impíos, Hasta cuándo, oh Yahweh, se gozarán los impíos? ¿Hasta cuándo pronunciarán, hablarán cosas duras, Y se vanagloriarán todos los que hacen iniquidad? A tu pueblo, oh Yahweh, quebrantan, Y a tu heredad afligen. A la viuda y al extranjero matan, Y a los huérfanos quitan la vida. Y dijeron: No verá YAH, Ni entenderá el Dios de Jacob. Entended, necios del pueblo; Y vosotros, fatuos, ¿cuándo seréis sabios? El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá? El que castiga a las naciones, ¿no reprenderá? ¿No sabrá el que enseña al hombre la ciencia? Yahweh conoce los pensamientos de los hombres, Que son vanidad”.
Después de leer los primeros once versículos del salmo noventa y cuatro, vamos a meditarlos, poco a poco. El comienzo del salmo es una demanda de retribución, pues dice a Dios:
“Yahweh, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, muéstrate”.
Tenemos que seguir leyendo para comprender a que se refiere, así que lo hacemos y ya encontramos dos datos muy importantes: el clamor denuncia injusticia y prepotencia, pues dice seguidamente:
“Engrandécete, oh Juez de la tierra; Da el pago a los soberbios”, así que, reclama el castigo de los que se creen por encima de Dios, y lo aclara con las siguientes cuatro frases que dejan muy clara la conducta de esos soberbios, pues dice: “
¿Hasta cuándo los impíos, Hasta cuándo, oh Yahweh, se gozarán los impíos? ¿Hasta cuándo pronunciarán, hablarán cosas duras, Y se vanagloriarán todos los que hacen iniquidad?”.
Eran felices, disfrutaban de sus abusos contra los débiles. Ahora el salmo concreta los crueles hechos ya que, en otras cuatro frases dice: “A tu pueblo, oh Yahweh, quebrantan, Y a tu heredad afligen. A la viuda y al extranjero matan, Y a los huérfanos quitan la vida”. Y se creían invisibles para Dios, pues añade:
“Y dijeron: No verá YAH, Ni entenderá el Dios de Jacob”. Pero, el salmista lo saca de su inmenso error en otras cuatro frases, diciendo: “Entended, necios del pueblo; Y vosotros, fatuos, ¿cuándo seréis sabios? El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?”. Más aun, les advierte del castigo seguro, pues dice:
“El que castiga a las naciones, ¿no reprenderá?”. Y aun añade algo más: Dios conoce los pensamiento de cada cual, pues dice:
“¿No sabrá el que enseña al hombre la ciencia? Yahweh conoce los pensamientos de los hombres, Que son vanidad”.
Así que, mucho cuidado con burlarse de Dios, con no tomarle en serio, de su sanción nadie puede escaparse, pues Dios conoce absolutamente todo.
Mucho cuidado pues.
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