Espacio presentado por Daniel Valuja.
Hoy, en nuestro cuarto día con el salmo noventa y cuatro, llegamos a su final.
El salmo noventa y cuatro, cuyo autor humano desconocemos, trata principalmente de las dos actitudes humanas frente a Dios.
Primero presenta el comportamiento de los que el salmo llama impíos, necios y fatuos, que no quieren saber nada de Dios y oprimen cruelmente a los creyentes.
Los hubo siempre y los sigue habiendo. La segunda parte del salmo presenta una perspectiva distinta, teniendo presentes los que son temerosos de Dios en su vida, y sufren el acoso de los malignos.
En todo el salmo prevalece el trato justo de Dios, con unos y con otros.
Hoy leeremos, para comentarlos después, los versículos veinte al veintitrés, con los que termina el salmo noventa y cuatro, y en los cuales el salmista examina su situación en medio de un mundo injusto y como se siente cuidado por Dios, quien aplicará su perfecta justicia, pues dicen así estos últimos versículos del salmo:
“¿Se juntará contigo el trono de iniquidades Que hace agravio bajo forma de ley? Se juntan contra la vida del justo, Y condenan la sangre inocente. Mas Yahweh me ha sido por refugio, Y mi Dios por roca de mi confianza. Y él hará volver sobre ellos su iniquidad, Y los destruirá en su propia maldad; Los destruirá Yahweh nuestro Dios”.
La pregunta inicial, en dos frases, aunque no trata un tema nuevo, sino uno que se ha repetido, una y otra vez a lo largo de la historia, parece hecha en nuestros días, pues denuncia la injusticia legalizada para favorecer a los que legislan, pues dice:
“¿Se juntará contigo el trono de iniquidades Que hace agravio bajo forma de ley?”.
En otras palabras, ¿pueden ser parte del pueblo de Dios los que inventan y ponen en vigor leyes para atropellar a su prójimo, justificándose después con que lo dice la ley?
Para dejar claro lo que quiere decir con esta doble pregunta, el salmista ofrece más detalles que lo van aclarando, pues afirma que se ponen de acuerdo para maltratar al íntegro, al que toma en serio las normas de Dios en su vida, pues dice:
“Se juntan contra la vida del justo”. ¡Terrible! Se reúnen para ponerse de acuerdo en un plan para hacer daño injustamente. Pero, aún añade más, pues dice:
“Y condenan la sangre inocente”. Si hemos estado atentos, primero crean una ley que les de vía libre, después, con ella en la mano atropellan los derechos ajenos e incluso las vidas. Pero el salmo, ni la vida real, terminan así. Pues, en primer lugar, el salmista ha comprobado que Dios le ha guardado de sus desmanes, ya que dice:
“Mas Yahweh me ha sido por refugio, Y mi Dios por roca de mi confianza”. Pero aun dice más, y es que las armas de maldad se volverán contra los que las emplean, pues dice:
“Y él hará volver sobre ellos su iniquidad”.
Dios no está ausente ni se desentiende de las injusticias y el que la hace la paga, pues termina el salmo diciendo: “Y los destruirá en su propia maldad; Los destruirá Yahweh nuestro Dios”.
Las injusticias acabarán con los injustos, porque Dios es justo y cuida especialmente a los que sufren abusos.
Confiemos en Él.
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