Radio Solidaria
EN DIRECTO

Salmo 98 – Gran fidelidad (533)

Espacio presentado por Daniel Valuja.

En nuestro recorrido diario por el libro de los salmos, estamos repasando el salmo noventa y ocho, un salmo de alabanza a la grandeza de Dios.

Cada día vemos un aspecto destacado de esa grandeza, pero, antes, leemos el salmo completo para que, nuestra reflexión en una parte del mismo, no distorsione el conjunto.

Vamos, pues, a leer el salmo. El salmo noventa y ocho dice así: “Cantad a Yahweh cántico nuevo, Porque ha hecho maravillas; Su diestra lo ha salvado, y su santo brazo. Yahweh ha hecho notoria su salvación; A vista de las naciones ha descubierto su justicia. Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel; Todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. Cantad alegres a Yahweh, toda la tierra; Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos. Cantad salmos a Yahweh con arpa; Con arpa y voz de cántico. Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, Delante del rey Yahweh. Brame el mar y su plenitud, El mundo y los que en él habitan; Los ríos batan las manos, Los montes todos hagan regocijo Delante de Yahweh, porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con rectitud”. Sin perder de vista este salmo que acabamos de leer, vamos a leer de nuevo el versículo tres del mismo, al que dedicamos nuestra Mirada de hoy.

El versículo tres del salmo noventa y ocho, que se dedica especialmente, como veremos, a la gran fidelidad de Dios, dice así: “Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel; Todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios”.

Continuando con la alabanza a la grandeza de Dios, el salmo se fija en este versículo tres, de manera especial, en la fidelidad de Dios para con su pueblo, poniendo el acento en la misericordia, lo cual es tanto como decir, que Dios cumplió su palabra a pesar de que su pueblo no lo merecía, y así ha sido siempre.

Vamos a recordar esa primera frase del versículo tres del salmo noventa y ocho, que dice así:

“Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel”.

Acordarse de su verdad quiere decir mantener su promesa de salvar a su pueblo, es decir, ser fiel a su compromiso. Pero, solo tenemos que dar un repaso a la historia de ese pueblo, o a la nuestra personal, para descubrir, que ni ellos, ni nosotros, somos merecedores de la salvación de Dios. Porque todos tenemos la tendencia a valorar nuestros méritos.

Pero, resulta, que, delante de Dios, solo merecemos castigo, porque nunca hay en nosotros mérito alguno, por eso, el acento en esta frase es la misericordia de Dios, o sea, su compasión por nuestras necesidades, porque Él ofrece su salvación porque la necesitamos, no porque la merezcamos.

A continuación, el versículo recuerda que las noticias de la salvación han llegado a todos los lugares, pues dice: “Todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios”.

Y es que, de la misma manera, que cuando Israel fue liberado de Egipto se supo en todos los pueblos alrededor, se anuncia hoy la buena noticia del evangelio en todo el mundo.

Gracias a Dios.

Más de

¿Quieres seguir escuchando?

Tenemos miles de audios sobre fe, esperanza, oración y vida cristiana esperándote.

Sigue explorando: Cargando temas...
Explorar todos los audios por temas →

¿Buscas un programa anterior que no ves aquí?

Consulta la Fonoteca en Telegram: todas las emisiones desde enero de 2026, hora por hora.

Ver cómo funciona →