Espacio presentado por Daniel Valuja.
Este programa, que hoy alcanza el número quinientos cuarenta, se dedica a meditar, de forma sencilla, el libro de los salmos.
Hemos comenzado con el salmo primero y hoy terminaremos nuestro recorrido por el salmo noventa y nueve, un salmo de alabanza a Dios como rey, que forma parte de un grupo de siete salmos, desde el noventa y tres hasta este, en los cuales se exalta especialmente la realeza de Dios.
Cada día, cuando el salmo es breve, lo leemos el entero, porque eso permite tener delante el contexto de la parte del mismo que comentamos y armonizar la parte con el todo.
Hoy dedicaremos nuestra Mirada al versículo nueve, que es el último del salmo, y que nos recuerda que Dios es el único rey. Vamos, pues, a leer el salmo entero. El salmo noventa y nueve dice así: “Yahweh reina; temblarán los pueblos. Él está sentado sobre los querubines, se conmoverá la tierra. Yahweh en Sion es grande, Y exaltado sobre todos los pueblos. Alaben tu nombre grande y temible; Él es santo. Y la gloria del rey ama el juicio; Tú confirmas la rectitud; Tú has hecho en Jacob juicio y justicia. Exaltad a Yahweh nuestro Dios, Y postraos ante el estrado de sus pies; Él es santo. Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, Y Samuel entre los que invocaron su nombre; Invocaban a Yahweh, y él les respondía. En columna de nube hablaba con ellos; Guardaban sus testimonios, y el estatuto que les había dado. Yahweh Dios nuestro, tú les respondías; Les fuiste un Dios perdonador, Y retribuidor de sus obras. Exaltad a Yahweh nuestro Dios, Y postraos ante su santo monte, Porque Yahweh nuestro Dios es santo”.
Ahora, que hemos dado lectura al salmo noventa y nueve, en el último día que le dedicamos, en esta serie de Miradas, vamos a leer de nuevo el versículo nueve, que cierra el salmo, y que nos situará ante Dios como único rey, para, después, meditarlo con calma. El versículo nueve, del salmo noventa y nueve, dice así:
“Exaltad a Yahweh nuestro Dios, Y postraos ante su santo monte, Porque Yahweh nuestro Dios es santo”. Todo en Dios es singular, porque Él es uno y único. En realidad, los llamados dioses falsos, no son dioses, porque Dios solamente hay uno, son apenas intentos de imitar pobrísimamente al Gran Dios Todopoderoso y Eterno. La primera frase este versículo final del salmo noventa y nueve, dice así: “Exaltad a Yahweh nuestro Dios”.
Aquí se reúnen dos cosas, la inmensa grandeza del Dios único y verdadero y nuestra relación con Él, porque además de excelso y único Dios, es nuestro Dios.
¡Qué privilegio! Pero, esa cercanía nunca debe hacernos olvidad su majestad, por eso, añade seguidamente: “Y postraos ante su santo monte”.
Es muy importante combinar siempre ambos aspectos, la cercanía con Dios, que permite que le tratemos como Padre, pero, a la vez, la profundísima reverencia por estar en la presencia del Dios Eterno y Todopoderoso.
Lo uno no debe impedir lo otro. Se trata de una confianza reverente. Por último el salmo nos recuerda la absoluta separación de Dios por su santidad, pues dice: “Porque Yahweh nuestro Dios es santo”.
La confianza de hijos nunca debe olvidar esto.
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