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Laboratorio de pensamientos con Carlos Fumero: El poder de los grupos pequeños.

Un espacio para analizar y transformar nuestro sistema de creencias. De la mano de Carlos Fumero, exploramos cómo lo que pensamos sobre nosotros mismos, los demás y la vida moldea nuestra realidad. Un programa que te desafía a renovar tu mente para poder construir una vida plena y con propósito.

as iglesias más grandes y saludables del mundo no se sostienen por la fuerza de un solo edificio ni por la elocuencia de un solo líder, sino por redes vivas de grupos pequeños donde se forma, cuida, capacita y envía a los discípulos de Jesús. Tanto en contextos de libertad como en lugares donde el cristianismo es perseguido —como en China—, el modelo de iglesia en casas ha sido clave para sostener y multiplicar la fe.

Este formato no es nuevo. En Hechos de los Apóstoles vemos que los creyentes perseveraban “en el templo y por las casas” (Hechos 2:46), un modelo relacional y cotidiano. No fue sino hasta Constantino, siglos después, que se institucionalizó la construcción de edificios para la adoración. Pero desde el inicio, la iglesia fue un movimiento que crecía de hogar en hogar.

Las cartas de Pablo dan testimonio de esto. Por ejemplo:

1. Romanos 16:5 – “Saluden también a la iglesia que se reúne en la casa de ellos.”

2. 1 Corintios 16:19 – “…la iglesia que se reúne en su casa.”
3. Colosenses 4:15 – “…a Ninfas y a la iglesia que está en su casa.”
4. Filemón 1:2 – “…y a la iglesia que se reúne en tu casa.”

Estos no son casos aislados: la comunidad cristiana crecía en contextos de confianza, cercanía y apoyo mutuo.

Los grupos pequeños tienen ventajas poderosas:

• Formación de nuevos líderes que aseguran la continuidad y expansión del ministerio.

• Discipulado práctico, aplicando el evangelio a la vida real, a los problemas, luchas y decisiones del día a día.

• Evangelismo relacional, porque en un ambiente íntimo es más fácil invitar, compartir y acompañar procesos de fe.

• Cuidado pastoral personalizado, donde nadie pasa desapercibido.

• Activación de dones, ya que todos pueden participar y descubrir cómo Dios los usa.

Por eso, si queremos ver una iglesia que crece, cuida, evangeliza y se multiplica, es urgente prestar atención a esta realidad. No se trata de una moda, sino de volver al diseño original, donde cada creyente es parte activa del Cuerpo, y cada hogar puede ser una extensión del Reino.